AÑO JUBILAR CALASANCIO

“Les invito a vivir este Año Jubilar como un nuevo “Pentecostés de los Escolapios”. Que la casa común de las Escuelas Pías se llene de Espíritu Santo, para que se cree en ustedes la comunión necesaria para llevar adelante con fuerza la misión propia de los Escolapios en el mundo, superando los miedos y barreras de todo tipo. Que sus personas, comunidades y obras pueden irradiar en todos los idiomas, lugares y culturas, la fuerza liberadora y salvadora del Evangelio. Que el Señor les ayude a tener siempre un espíritu misionero y disponibilidad para ponerse en camino.

El lema que han elegido para este Año Jubilar – Educar, Anunciar, Transformar – les orienta y les guía. Permanezcan abiertos y atentos a las indicaciones que el Espíritu les sugiere. Por encima de todo, sigan las huellas que los niños y los jóvenes llevan escritas en sus ojos. Mírenles a la cara y déjense contagiar por su brillo para ser portadores de futuro y esperanza. Dios les conceda encontrarse proféticamente presentes en los rincones donde los niños sufren injustamente. La educación abre la posibilidad de comprender y acoger la presencia de Dios en el corazón de cada ser humano, desde la más tierna infancia, haciendo uso del conocimiento humano (las “letras”) y divino (la “piedad”). Sólo la coherencia de una vida basada en este amor les hará fecundos y les colmará de hijos”.  (Mensaje de Su Santidad el Papa Francisco a la Orden de las Escuelas Pías con motivo del Año Jubilar Calasancio).

Estamos celebrando el 400º aniversario de la erección canónica de la Orden de las Escuelas Pías, la primera Orden religiosa aprobada por la Iglesia con el fin específico de la educación popular cristiana de los niños y jóvenes, preferencialmente de los más pobres. En el mismo año (2017) conmemoramos el 250º aniversario de la canonización de San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías y celestial patrono ante Dios de todas las escuelas populares cristianas del mundo (Pío XII, 1948).

Con este motivo, el Papa Francisco ha concedido a la Orden Escolapia un Año Jubilar Calasancio, que será celebrado en todas las presencias escolapias del mundo a lo largo de 2017. Para nuestra Orden, este Año Jubilar es una extraordinaria oportunidad para renovar nuestra vocación y nuestra entrega a la educación e los niños y jóvenes, y así lo queremos vivir.

¿Qué puedo decir a Vuestras Eminencias y al conjunto de la Congregación para la Educación Católica con motivo de este Año Jubilar?

He pensado en compartir con ustedes algunas reflexiones, ajustándome al tiempo previsto por Monseñor Zani.

GRACIAS. Gracias por la posibilidad de hablar ante estas Plenaria, para exponer el AÑO VOCACIONAL CALASANCIO. Lo hago en nombre de una Orden religiosa que lleva 400 años trabajando en esta misión apasionante; en nombre de cientos de laicos miembros de las Fraternidades Escolapias; en nombre de miles de educadores que entregan su vida cada día –cada día- y que tengo el honor de conocer y acompañar; en nombre de los cientos de jóvenes de nuestras casas de formación cuyos  rostros, nombres e historias conozco, y les aseguro que cada uno de ellos me anima a seguir trabajando cada día porque se lo que esperan de mí. Con toda humildad, lo hago en nombre de las Uniones de Superiores y Superioras Generales, cuya Comisión de Educación tengo el honor de presidir, y con mucha más humildad aún, en nombre del primer santo educador de la historia de la Iglesia, San José de Calasanz. GRACIAS por esta posibilidad de hacerles llegar nuestros afanes y nuestras esperanzas. Y gracias por bendecirlas y acompañarlas.

COMPROMISO. Es la siguiente palabra que surge en mí. Queremos que este año renueve en todos los escolapios, y en todas las personas que conectan con nosotros, el compromiso vocacional de dar la vida por la educación de los niños y jóvenes. Les aseguro que ese compromiso es total, incondicional, cotidiano y alegre. Se expresa en las reuniones de comunidad, en los encuentros de educadores, en las decisiones de misión, en la labor cotidiana –que es el crisol de la autenticidad-, en la oración. Para mí es un privilegio acompañar, como hermano mayor, tantas vidas entregadas. Les pido su oración y bendición.

PASIÓN. No hay otra manera de ser religioso educador, o de ser educador escolapio: vivir la misión con pasión. A lo mejor alguno de ustedes piensa que exagero, pero les confieso, en este año jubilar, el consejo que doy a todos los jóvenes de la Orden. Les digo que el día en el que un joven se le acerque y le pida un consejo o una escucha y él –el religioso- le diga que no tiene tiempo o que está cansado, que vuelva mañana, ese día ha dejado de ser escolapio, ha perdido su vocación. Porque la vocación se puede perder…

CARISMA. Un carisma es un destaque de algún aspecto del Evangelio, entregado por el Espírito a un hombre o una mujer extraordinario que lo asume y desarrolla, y que posteriormente es consolidado por la Iglesia y ofrecido a la comunidad como algo nuevo que edifica el Reino de Dios, como una vocación que otros pueden seguir. A mí me gusta decir que el día que Dios revele todos los carismas estaremos más cerca de comprender los secretos del Reino de Dios. El carisma de Calasanz es muy sencillo. Dice así: Si un niño o una niña se encuentra con un educador que es capaz de ayudarle a crecer integralmente, desde las claves del Evangelio de Jesús, ese niño o niña crecerá como un hombre o una mujer de bien, capaz de cambiar el mundo. Este carisma se revela por Dios en Calasanz, y por eso creo que la Iglesia debe estar profundamente agradecida a este santo tan extraordinario como humilde.

INTEGRAL. Calasanz no sólo aporta la lucha por la educación para todos, la educación popular, sino una manera de entender la educación. Busca y propone una educación integral, en todas las dimensiones de la persona, en todos los tiempos, en todas las habilidades. Una educación evangelizadora y trasformadora; una educación centrada en el niño y al servicio del Evangelio. Y desde esa clave consiguió que la Iglesia, a pesar de la prohibición del Concilio de Trento, aprobara una nueva Orden Religiosa de votos solemnes para el bien de la humanidad.

CRISTO. La Escuela Católica, si lo es, propone a Jesucristo. Con claridad y capacidad pastoral y educativa, sea cual sea el contexto. Me gustaría explicarlo de modo sencillo, porque veo muchos equívocos o simplificaciones en esta cuestión tan importante.

Nuestra Escuela Católica tiene un gran desafío: educar desde los valores del Evangelio y presentar la fe en Jesús de modo que:

  1. quien quiere vivir su fe encuentre en la escuela un espacio para crecer en ella, para celebrarla y compartirla, y a través de ella, encontrar su camino para insertarse en la comunidad cristiana.
  2. quien busca o está abierto a la fe, pueda percibirla como algo valioso, libre, profundo, transformador, capaz de mejorar su vida. Puede verlo como algo bueno.
  3. quien está totalmente alejado o resentido, pueda sentirse acogido o interpelado, y educado en el respeto.
  4. quien es de otra religión, que viva su fe y aprenda a construir con los católicos cosas buenas, desde lo que nos une, no desde lo que nos separa.

Si hacemos esto, haremos de verdad una aportación extraordinaria al mundo en el que vivimos. No podemos ocultar a Cristo en nuestras aulas. Es negar lo que somos. O peor aún: es negarle a Él.

TESTIMONIO. La educación que proponemos se basa en la autenticidad del educador. Loa jóvenes distinguen perfectamente el testigo del “hablador”. Diferencian a la primera el que habla de lo que vive del que habla de lo que sabe que tiene que decir, pero no lo vive. Y este segundo hace un daño profundo: enseña a los jóvenes a no creer en la verdad del Evangelio. Por eso, mi oración diaria en este Año Jubilar es para que el Señor nos conceda el don de la autenticidad vocacional. Es la oración que les pido a ustedes, por todos los educadores.

UN AÑO INTENSO. Queremos que sea un año intenso. Hemos empezado este año en Mozambique y en Perú, y estamos preparando nuestra misión en China. Estos días ha comenzado a funcionar el Instituto Calasanz para el Derecho a la Educación. Estamos trabajando en un proyecto que se llama “Escuelas Pías en salida”, tratando de responder a la propuesta del Santo Padre Francisco para toda la Iglesia. Les pedimos su bendición y oración. Nos sentimos acompañados y bendecidos.

Muchas gracias.

Pedro Aguado Sch. P., Padre General de la Orden de las Escuelas Pías.

Pontificia Universidad Urbaniana, Roma, 8 de febrero de 2017