Peralta de la Sal reunió el día 24 de noviembre a muchísimos hermanos y hermanas, religiosos, laicos y laicas, jóvenes y niños, de nuestra provincia de Emaús en torno a Calasanz. Y lo ha hecho con la misma alegría con que la madre recibe y prepara lo mejor para toda la familia ampliada, con sus niños y sus ruidos, con sus abuelos sabios y amables, con los que todo lo prepararon para que todo cuadrara, con los abrazos, con las bromas, con la sabiduría y la confianza que provoca la historia compartida. Desde todas las presencias nos acercamos a la casa natalicia de nuestro querido fundador para dar el cierre a este año tan intenso de momentos y actividades.

Ya de víspera se reunieron dos importantes equipos de la provincia: el de coordinadores de presencia, y el de coordinadores del Movimiento Calasanz. Pudieron avanzar en sus agendas y trabajar en red, aunando esfuerzos y animando ritmos.

Pero la fiesta comenzaba a las 10,30 del sábado, con un trabajo por talleres en donde los casi 300 hermanos y hermanas pudimos disfrutar de muchos temas comunes. La historia vino de la mano de Juan Antonio Frías, que nos explicó las mayores riquezas del museo de la casa. Desde Itaka-Escolapios se nos invitó a recordar tantos y tantos proyectos en favor de los más pequeños. La comunidad Cristiana Escolapia, también fue un tema de reflexión. Los demás temas fueron los siguientes: Más allá de Emaús, la vocación escolapia, la misión, Calasanz, la innovación desde el proyecto Suma y Sigue, y el sínodo, apostando más, por, para y con los jóvenes. Cada quien pudo disfrutar solamente de tres de estos nueve encuentros tan calasancios. Todos nos ayudaron a emocionarnos más con los muchos proyectos que hacemos y con las grandes intuiciones que nos alimentan y nos hacen crecer en número y por dentro.

La eucaristía nos llevó a Jesús, culpable y responsable de toda esta algarabía, y de la de Roma, y la de tantos y tantos sitios llenos de niños, jóvenes y esperanza. Y levantando todos los ojos al cielo, sentimos la bendición de este cariñoso santo viejo que tanto nos sigue cuidando. Y de paso, la foto, claro.

Al son de gaitas somontanas, la comida nos hizo más hermanos y la despedida fue solo un hasta luego, o hasta el wassap de la tarde o de mañana. El título que le podemos poner: “La alegría de toda la familia Emaús”.

Nos volvimos a casa con unos buenos y nuevos libros calasancios, de la mano de varios escolapios que nos regalan su reflexión sobre la mística de Calasanz, la escuela santa y social, el contexto de pensamiento en torno a Calasanz, y la espiritualidad Calasancia. Gracias a Antonio Lezáun, a Javier Alonso, a Bonaventura Pedemonte i Feu, y a Jesús Guergué, que se añaden a la muy larga lista de firmas que desde el inmenso cariño por Calasanz nos invitan a seguirle más de cerca.

Nos queda el buen gusto de todo un año lleno de bendición y alegría, en el que hemos renovado nuestra vocación. Creo que hemos vivido largamente LA ALEGRÍA DE TODA LA FAMILIA, que consiste en:

Estar con muchos hermanos celebrando muchas cosas, cuatrocientos años de cosas.

Leer juntos la Palabra de Dios con los ojos de Calasanz, bendiciendo a los más pequeños, aprendiendo a ser pequeños.

Cantar juntos la bondad del Señor con cada uno de los que hemos compartido años de camino escolapio.

Recordar lo mucho que hacemos y lo mucho que nos queda por hacer.

Montar nuevos proyectos entre los más sencillos, para que un día no haya más proyectos y simplemente no hagamos falta.

Brindar por otros 400 años en fidelidad creativa, en comunidad convocante, en trabajo de esclavo con alma libre y liberadora.

Sentir a Cristo “cuando a ellos se lo hicisteis”, sabiendo que yo también quizá fui Cristo para otro no cuando ayudé sino cuando me ayudaron.

Enamorar jóvenes para prometerlo todo, y acompañarlos para ser arrastrado por su ilusión y no caer en desencantos ni canonjías.

Entrar en el movimiento que otros impulsaron, para dar alguna que otra pedalada, y seguir juntos en avance de Reino.

Es comer de la confianza del hermano, y beber de la alegría de los niños.

Eso puede ser hoy Peralta de la Sal, Roma, tu cole o el mío. Fiesta que celebra la alegría de toda la familia. Por Calasanz. Por nosotros. Por ellos y ellas, que el lunes allí estarán, a la espera de la alegría.

 

 

 

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