No es fácil poder desarrollar en unas breves líneas lo que hemos vivido en los últimos días en Venezuela. Han sido para nosotros cinco días intensos, de reflexión, oración, discernimiento y acción. Tomamos conciencia de que vivimos en un país que en la segunda mitad del siglo pasado se convirtió en la casa de muchos extranjeros, y hoy es un foco de atención internacional por las noticias relacionadas con la fuerte escasez de productos básicos (alimentos, higiene personal, medicamentos…), la hiperinflación, la alta violencia e inseguridad, y de manera más reciente, las fuertes protestas que han llenado las calles de las diversas ciudades del país y que han sido reprimidas por las fuerzas militares y los grupos paramilitares.

Toda la movilización tiene su punto de partida en la marcha, convocada por la alianza de la oposición, que tuvo más de 20 puntos de salida en la ciudad de Caracas y en las demás ciudades. Fue realizada en la fecha emblemática del 19 de abril, cuando conmemoramos 207 años de la Independencia. Esta marcha tenía como objetivos fundamentales lo siguiente: llamar a elecciones generales, establecer el canal humanitario de medicinas y alimentos, liberar los presos políticos y levantar las inhabilitaciones a algunos dirigentes y reconocer la Asamblea Nacional en sus funciones y obligaciones. La demanda, por tanto, estaba enmarcada en los principios que rigen la Constitución Nacional.

Esta marcha, la más numerosa de los últimos años según algunos, sólo pudo llegar a su destino final en tres ciudades. En Caracas no logró hacerlo. Pero la convocatoria surtió efecto incluso en los lugares que, hasta el momento, se consideraban “territorio de la revolución”. La oposición logró, por primera vez, tener una presencia significativa en el oeste de la ciudad, que, junto al centro, eran considerados espacios “revolucionarios”.

Esto, obviamente, generó una reacción. Después de una fuerte represión durante el día, que no permitió a ninguno de los grupos llegar a su destino final, los grupos colectivos armados tomaron algunos espacios de la ciudad generando caos, terror y anarquía. Un número significativo de comercios fueron saqueados, y muchas familias que estaban en los edificios fueron aterrorizadas con grupos de motorizados con armas largas y encapuchados, que disparaban. Algunas religiosas, y muchas personas que participaban en las manifestaciones, no pudieron llegar a sus comunidades, por lo que tuvieron que refugiarse en las casas de las personas que habitaban en el sector.

Si bien fue una situación muy fuerte, fue una situación que se vivió sólo en algunos sectores de la capital. Aquellos, como decíamos, que están en manos de los colectivos armados, que en algún momento fueron “revolucionarios”, y que salieron a manifestar.

Después de esto, la alianza de grupos opositores reconoce que la salida a las calles no tiene vuelta atrás. Ya la gente manifiesta que no está en la calle por la llamada de los partidos; está en la calle porque quiere un cambio. Estamos, por lo tanto, ante un panorama que puede escaparse de las manos de los líderes políticos opositores, que han sabido dar cauce a la inquietud social pero que ha tenido mucha más fuerza y contundencia de lo que podían imaginar ellos mismos. Podemos decir, analógicamente, que la presión puede ser, en este momento, más fuerte que el recipiente que la contiene.

Actualmente se mantiene cierto clima de tensión en algunos puntos de la ciudad, poca asistencia de estudiantes a algunas de nuestras escuelas, y una fuerte actividad por las redes sociales debido a la ausencia de información de los medios de comunicación social.

En lo referente a nuestras comunidades, podemos decir que todas ellas están en lugares donde, hasta el momento, no ha habido conflictos violentos. Ya sea porque se encuentran en zonas populares en las que los colectivos armados impiden cualquier manifestación contraria al régimen, ya sea porque los puntos de concentración están alejados. Sin embargo, algunos de nosotros, convencidos de la necesidad de caminar desde la paz por la construcción de un modelo social democrático, hemos participado de las convocatorias que ha realizado la alianza opositora, siempre y cuando estén enmarcadas en acciones pacíficas que permitan recuperar el hilo constitucional.

Como Iglesia hemos tomado también la iniciativa de realizar acciones simbólicas por la paz. Concretamente algunos religiosos del sector oeste de Caracas tomamos la iniciativa de realizar un Via Lucis por una de las zonas más afectadas, tomando las calles y pidiendo por Venezuela. La procesión concluyó frente al Comando General de la Guardia Nacional Bolivariana, donde leímos una comunicación firmada por todos los asistentes, en los que pedimos el cese de la represión y la vuelta al hilo constitucional.

Hasta hoy algunos hemos estado en las calles; otros, hemos garantizado el funcionamiento de nuestras obras desde las dificultades para el traslado del personal y la baja asistencia en algunas escuelas. Mantener nuestras escuelas abiertas es nuestra manera de cooperar con la reconstrucción del tejido social, con la educación del país y con la superación de la violencia.

Queremos agradecer infinitamente, las muestras de solidaridad de muchos religiosos y laicos de la Orden. Nos sentimos acompañados, y eso nos ayuda a acompañar. Dios bendiga este momento histórico de Venezuela. Como dice este canto de Miguel Matos, sacerdote jesuita venezolano, “nuestra fe no puede descansar hasta desterrar del continente el hambre, la tortura, la miseria y el terror… ese es el mandamiento del amor”.

Willians Costa Sch. P.