Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido el Salvador, Cristo el Señor

Nos dirigimos a todos los religiosos de la Orden, a los jóvenes en proceso vocacional, a los miembros de la Fraternidad de las Escuelas Pías, a cuantos comparten nuestra misión y a todas las personas que viven y caminan con nosotros: ¡FELIZ NAVIDAD!

Este es nuestro sincero deseo para todos. Les deseamos una profunda, santa y alegre celebración del extraordinario acontecimiento que conmemoramos estos días: Dios se hace uno de nosotros, comparte nuestra condición, habita entre nosotros, y colma –desbordándolas- todas las esperanzas de la humanidad.

La Navidad nos sitúa ante las grandes preguntas de nuestra vida y ante las únicas respuestas que provocan vida auténtica. En Navidad aprendemos a escuchar las noticias de Dios, como los pastores; a convertirnos en buscadores, como los magos; a acoger y hacer crecer la Buena Noticia, como María y José; a experimentar la plenitud del corazón, como Simeón; a redescubrir la apremiante llamada a la paz, situada en el núcleo del anuncio del nacimiento del redentor; a proclamar –magnificat- el amor de Dios por cada uno de nosotros; y como Calasanz, a descubrir en el niño pobre el signo más claro de la misericordia de Dios.

La Navidad nos ayuda a comprender dónde está la clave de nuestra vida y de nuestra comunión, y dónde hay que buscar las pistas que nos acerquen a la plenitud de vida escolapia que buscamos y soñamos.

Les deseamos, de todo corazón, que vivan estos días con profunda alegría y acción de gracias a Dios.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

La Congregación General de las Escuelas Pías

 

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