La Jornada Calasancia, dentro de la Jornada Mundial de la Juventud, se celebró el miércoles 27 de julio en la parroquia de Ntra. Sra. de la Misericordia en Cracovia.

Hubo una numerosa participación de jóvenes de diferentes demarcaciones de los cuatros continentes y una buena  representación de la familia calasancia: Escolapias, Calasancias, Kalasantiner y Cavanis.

El evento fue una interesante oportunidad para festejar juntos en un ambiente de alegría y fraternidad. Era un mosaico vivo que integraba dierentes colores, banderas, lenguas, tradiciones, culturas y una gran vitalidad para vivir la jornada con profundidad.

Después de una breve reflexión introductoria, oración y cantos, los coordinadores presentaron a sus grupos, mostraron las imágenes marianas de sus países y algunos misioneros compartieron su testimonio.

En la Eucaristía, momento central del evento, el Padre General nos invitó no solamente a recordar lo que hizo Jesús sino a vivir plenamente lo que sucede actualmente en presencia del Señor. Escuchamos del libro del Génesis la cita del Apocalipsis que solemos leer cuando oramos con la Corona de las Doce Estrellas. En el Evangelio recordamos cómo Jesús, desde la cruz, nos deja amparados en su madre María. La homilía fue una exhortación a contemplar la misericordia de Dios y a vivirla desde el carisma de San José de Calasanz. No solamente admirar a nuestro fundador sino poner nuetra a atención en Jesucristo, como seguramente lo quiere Calasanz, y seguirlo muy de cerca.

La útlima reflexión fue para los religiosos y religiosas de la familia calasancia: agradecer a los jóvenes porque nos hacen ser lo que somos y nunca fallarles.

Estábamos todavía en misa cuando el papa Francisco llego a la ciudad. La gente lo recibía con aplausos en las calles y nosotros nos uníamos a esa bienvenida a través de la oración, pidiéndo por él desde ahí.

Hubo cena para todos y, además de compartir los alimentos, se compartían las experiencias de los días anteriores, se encontraban los conocidos y se hacían nuevas amistades.

Enseguida otro rato de fiesta, música y baile hasta llegar al momento de la oración a la Madre de Dios.

El mismo coro de la misa, muy apreciado por todos, nos invitó a unirnos en un canto. Una procesión de religiosos y acólitos llegó al recinto con la imagen de nuestra Madre de la Misericordia de la parroquia y cada uno se acercaba a ofrecer su vela y su oración.  Más tarde, muchos jóvenes seguían orando aun cuando ya se habían dado las palabras de despedida.

No faltaron comentarios de profundo agradecimiento y admiración por la hospitalidad, el afecto, y la excelente organización de la Provincia de Polonia.