Pienso que, en ocasiones, es bueno utilizar el lenguaje narrativo para expresar y comunicar lo que pensamos y lo que sentimos. Quiero que así sea en esta Carta Fraterna que os dirijo, y que llega a vuestras manos precisamente el día 31 de enero de este Año Jubilar Calasancio, el Día de Acción de Gracias por nuestra Vocación. Voy a contaros un viaje, el tercero que he realizado a la República Democrática del Congo. Y voy a tratar de narrar la vida escolapia que allí crece, que allí vive y que allí encarna, de modo nuevo, el carisma de Calasanz.

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