Me imagino la pregunta que se hizo Calasanz al conocer al joven que se presentó en las Escuelas Pías buscando el lugar que Dios le tenía reservado: ¿Qué ocupa el corazón del joven Glicerio? Pocas preguntas tan certeras, directas y provocadoras de trasparencia y autenticidad. Probablemente no hay ninguna pregunta tan necesaria para los jóvenes y, por la misma razón, para cada uno de nosotros.

 

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