El testimonio de… Pedro Aguado, P. General de los escolapios: “Ser escolapio es dar la vida para algo más grande que uno mismo”

Yo soy escolapio porque desde niño he conocido a los escolapios; estudié en el colegio de los escolapios en Bilbao; experimenté la dedicación formidable que  los escolapios de aquel colegio tenían por nosotros, por los alumnos.

Pude soñar mi vida y compartirla con otros jóvenes como yo, que también teníamos y compartíamos los mismos sueños. Pude experimentar lo que es el trabajo por la gente, por los niños, por los pobres, en las actividades que hacíamos… Y, sobre todo, tuve una gran oportunidad, pude vivir mi fe en aquel colegio; pude crecer en esa fe y pude hacerme preguntas; y lo más genial es que pude también compartir las respuestas y las búsquedas con mucha gente, entre otros los escolapios que me ayudaron.

Recuerdo con mucho cariño al padre Pedro Lasheras, que ya murió, que era entonces; el encargado de la pastoral del colegio con el que yo hablaba y fue el que me animó a entrar a la Orden. Recuerdo con mucho cariño al Provincial, con el que hablé antes de ir al Noviciado, el P. Ciaurriz, que aún vive, en Pamplona. Mis primeros formadores: el P. Miguel Ángel Asiain, el P. Antonio Lezaun. Una historia compartida con los escolapios. Yo estoy seguro de que entré escolapio porque Dios me llamó, porque Dios, de alguna manera, sin yo merecerlo, se fijó en mí, y porque mis escolapios, mis hermanos y mis padres escolapios me acompañaron me ayudaron a pensar y me ayudaron a tener, no sé, la capacidad de decir que sí. Yo recuerdo muy bien el esquema mental desde el cual decidí. Yo pensé que si soñando, como yo soñaba, con dar toda mi vida por algo más grande que yo, como significa ser sacerdote escolapio si yo me echaba atrás en ese momento  y posponía la decisión, toda mi vida iría posponiendo mis decisiones, y decidí fiarme, fiarme de la llamada, fiarme de mi gente,  de mis hermanos y fiarme de Dios; y opté por esta vocación desde la convicción que siempre digo, cuando me la preguntan; que Pablo  en sus cartas, refleja muy bien. San Pablo cuando dice yo sé bien en quien he puesto mi confianza. Y sé que tiene poder para llevarme hasta el final el encargo que me da.

Tenía entonces 17 años. Me acerco ahora a 60. Nunca he dudado de esta decisión; y todos los días doy gracias a Dios por haberla vivido así.  Y quiero decir por qué, porque me he encontrado en mi vida que lo que Dios promete, es cierto. Que estos años yo he vivido con alegría, con amor, con pasión, con descubrimientos, con entrega, con mucha gente que me ha ayudado mucho y a la que también quizá yo humildemente he podido ayudar.

Por eso creo que vale la pena ser escolapio, porque cuando uno siente ese sueño, siente que puede dar la vida para algo más grande que uno mismo, siente que puede entregar su forma de vida  y sus convicciones a los niños y a los jóvenes, cuando uno lo siente, no se puede decir que no porque está Dios ahí, llamando y decir a Dios que no, no tiene mucho sentido.

Por esto soy escolapio y por esto creo que vale la pena serlo.

Gracias y ánimo a todos.