El día 16 de julio de 1950, el Padre Francisco Orcoyen llegaba a Río de Janeiro, comenzando así la preciosa historia de los escolapios en Brasil.

Muchos acontecimientos se han sucedido en esos 70 años: el inicio de las clases en el colegio San Miguel Arcángel (1951), la dirección del colegio Ibituruna (1952), la presencia en Buena Esperanza (1953), la “Casa de la playa” en Jacaraípe (1964), la presencia en Santa Lucía (1966) y en Volta Redonda (1971), la parroquia Nuestra Señora de las Gracias (1973), la parroquia San Marcos (1984), el Recanto de Betim (1992), los laicos de la Fraternidad enviados desde Pamplona (1999), el Sonoro Despertar (2000), el Centro Social en Governador Valadares (2002), el inicio oficial de Itaka-Escolapios (2006), la presencia de Serra (2008), el Centro Social en Belo Horizonte (2010), la Fraternidad Escolapia (2011), el Recanto de Baguarí (2013), la presencia en Aracaju (2019), y mucho más con el GGN, las casas de formación, la Pastoral del Menor, el Movimiento Calasanz… y, sobretodo, las personas, muchas personas que son lo mejor de esa historia. Tenemos ahora un trabajo muy bien hecho por el Padre Fernando, presentando esa historia escolapia en Brasil.

Es bonito mirar hacia atrás, como un recuerdo, pero también descubrir la mano de Dios en esa historia. Tenemos que agradecer al Señor y también a todos los que hicieron y continúan construyendo esa historia: religiosos, vocacionados, miembros de la Fraternidad y del Movimiento Calasanz, colaboradores en las parroquias, en los colegios y en los centros sociales, en los proyectos Itaka-Escolapios, niños, jóvenes… ¡todos!

Recordar esos 70 años de historia es útil también para renovar nuestro compromiso con la misión escolapia de transformar nuestro querido Brasil, a través de la educación, del anuncio del Evangelio, de la solidaridad, de nuestra vida feliz, siguiendo a Jesús, de nuestras comunidades religiosas y de la Fraternidad. Es una oportunidad para renovar nuestra vocación escolapia, religiosa o seglar, con fidelidad creativa, manteniendo el carisma Calasanz de siempre y, al mismo tiempo, actualizándolo en cada momento y situación que estamos viviendo.

Celebrar esos 70 años es también aprender de esa historia escolapia en Brasil, discerniendo, en el presente, los pasos que tenemos que dar para responder a la voluntad del Señor Jesús y a las necesidades de las personas y de la sociedad, aprendiendo de la historia e inventando un futuro mejor, siempre en comunidad.

Ser parte, sentirse parte de esa red de personas, acontecimientos, decisiones de 70 años, con la confianza de que nuestro trabajo va a tener continuidad por muchos años más, es un regalo y una motivación para renovar nuestra vida escolapia.