“Escuchar, empatía y convertir en piedra angular la descartada”. Así ha resumido el Papa Francisco la jornada sinodal del día 4 de octubre, San Francisco de Asís. “Escuchar es el modo en el que Dios se relaciona con nosotros; empatía, significa “padecer con”, “estar con”; y hacer que la descartada sea la piedra angular, es la tarea de una Iglesia que debe apostar por el que “ha fracasado”, porque ése es el punto de vista cristiano”.

Hoy hemos escuchado más de 50 intervenciones en el aula sinodal. Ha sido un formidable ejercicio de escucha y de compartir. Ha ayudado mucho la decisión del Papa de que cada cinco intervenciones haya tres minutos de silencio para reflexionar sobre lo escuchado. Son unos minutos privilegiados, para rumiar tantas y tan variadas intervenciones como las que se pronuncian en el Sínodo.

Comparto con vosotros algunos de los temas que han sido más destacados en la primera jornada de trabajo: la escucha, dinamismo esencial; el discernimiento, para comprender las diversas situaciones y las respuestas que necesitan, el desafío eclesial de reconocer y poner nombre a tantas cosas que alejan a los jóvenes de la comunidad; el valor profundo e integral de la sexualidad humana; el esfuerzo que debemos hacer, en todos los órdenes, para erradicar los abusos y la cultura que los ha permitido o los encubre; la necesidad de concretar lo que significa la opción preferencial por los jóvenes; la importancia de atender los diferentes contextos en los que se encuentran los jóvenes; el acompañamiento, que en algunos casos consiste incluso en salvar vidas; la denuncia de la cultura del descarte; la invitación a la santidad en los jóvenes; la presentación de una visión de la vocación desde una perspectiva amplia, no reducida; el martirio de tantos jóvenes cristianos en contextos de persecución; el sufrimiento de los jóvenes en algunos países en situaciones realmente duras y difíciles (que son piedras descartadas llamadas a ser piedras angulares de una Iglesia renovada)…

Es imposible resumir este intenso día sinodal. Sin duda, la intervención más aplaudida y que más ha impactado la ha protagonizado el arzobispo de Manila, cardenal Tagle. Y ha sido a la vez sencilla y profunda. Ha contado que, siendo obispo, visitó un campamento de verano juvenil, y que al final del día, muchos jóvenes le pidieron un autógrafo. Siempre se preguntó la razón de tantas peticiones de que les firmada la camisa, el gorro o el libro. Lo descubrió al año siguiente, cuando volvió a visitar el campamento y un joven se le acercó y le mostró la camiseta firmada por él el año anterior.

El joven le dijo que nunca había lavado su camiseta, y que la ponía todos los días debajo de la almohada al ir a dormir. Hacía muchos años que no veía a su padre, porque trabajaba en el extranjero, y al mirar la camiseta sentía –le dijo al cardenal- que “tú eres un padre para mí”.

Como os digo, se trata de una experiencia sencilla, pero profunda. Ese joven ayudó al cardenal a entender la importancia de una Iglesia que sea “padre y madre” para los jóvenes. El cardenal contó esta experiencia visiblemente emocionado, ayudando a todos a comprender la importancia de la cercanía a cada uno, a cada joven en su realidad.

Estas primeras jornadas estarán dedicadas a la primera parte del “instrumentum laboris” (RECONOCER). En breve comenzarán los trabajos en “círculos menores”, cuya finalidad es ofrecer propuestas e ideas para el documento final.

Hemos comenzado el Sínodo. Oremos y trabajemos por una Iglesia siempre sinodal, llamada a acompañar a los jóvenes en su búsqueda de horizontes y empeñada en su testimonio de Cristo, el Señor.

Pedro Aguado

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