Tal vez os sorprenda el título de esta carta porque, sin duda, es bastante extraño. Está inspirado en el pasaje bíblico de Jeremías 32, en el que Dios le pide al profeta que compre un terreno cuando Jerusalén está a punto de caer en manos de los caldeos y todo el pueblo partirá al exilio a Babilonia. ¿Es normal comprar un terreno, algo que indica la voluntad de permanecer, cuando el ejército enemigo está a punto de tomar posesión de todo el país? Pues Jeremías, fiado en la palabra del Señor, compra ese terreno.

Hace unas semanas recibí un correo electrónico de un escolapio de Venezuela que me hablaba de las obras que están haciendo para ampliar el Liceo del Trompillo, en la ciudad de Barquisimeto. El Trompillo es uno de los barrios más pobres de la capital del estado Lara, en Venezuela. Los escolapios llevamos bastantes años trabajando allí en obras de Educación No Formal, parroquiales (Vicaría de la Transfiguración del Señor) y Educación Formal (primero en una escuela de Fe y Alegría, ahora en un Liceo propiedad de la Orden). En este mensaje, nuestro hermano comparaba la decisión de la Provincia de buscar recursos para ampliar ese Liceo con la opción de Jeremías.

Creo que es una comparación muy acertada. ¿Tiene lógica ampliar una escuela en un país del que se marcha tanta gente y en el que las esperanzas de vida y de libertad disminuyen cada día? ¿Es lógico apostar por una escuela en un contexto en el que no se ve ningún horizonte? ¿Es bueno consolidar una obra en un lugar del que quien puede se marcha?

Esta noticia del Liceo de Barquisimeto me hizo pensar mucho, y muy a fondo, sobre nuestro papel en circunstancias de dificultad y de crisis. Pienso que en el seno de las Escuelas Pías hay, desde la fundación, un componente en parte contracultural y en parte profético. Se trata de una característica que es muy nuestra y que nunca debiéramos perder. Todo lo contrario, lo tenemos que cuidar.

Cuando pienso en la historia de la Orden, encuentro numerosos ejemplos de esta actitud escolapia, heredada de Nuestro Santo Padre. Calasanz funda las Escuelas Pías “contra viento y marea”, y lucha por conservarlas y mantenerlas contra todos los poderes de este mundo. Un bello ejemplo de esta lucha es un memorial escrito por Calasanz en el año 1645[1] y dirigido a la Comisión Cardenalicia que estudiaba la posible supresión de la Orden. No es un memorial muy conocido, pero es muy valioso. Si en Tonti Calasanz expone un proyecto, en este texto Calasanz defiende una realidad. Lo cito como ejemplo de lucha por un proyecto, “cuando el viento es completamente contrario”. Lo mismo podemos decir de la decisión del fundador de enviar religiosos a la Europa protestante, a un contexto en el que la misión educativa, que ya era de por sí bastante complicada, iba a ser mucho más difícil. Pero quedó claro desde el principio: no vamos a un lugar porque sea fácil, sino porque es necesario. Y no nos marchamos porque es complicado.

Seguro que nuestros historiadores pueden citar muchos ejemplos valiosos de nuestra historia que avalan este “gen” contracultural y profético que nos caracteriza. Sin duda que la apuesta del P. Borrell por luchar por la presencia escolapia en Polonia hizo posible que la Provincia resucitara y sea hoy una de las Provincias más vitales de la Orden. Tampoco tengo dudas de que el esfuerzo y la pasión apostólica de los escolapios de Europa Central hizo posible la continuidad de nuestra misión en los duros años del dominio comunista en sus respectivos países.

Quizá no sea tan conocido, pero creo que podemos citar y valorar el ejemplo de Cuba, que nunca se abandonó por parte de la Orden, con el esfuerzo extraordinario de la Provincia de Catalunya y  la ayuda de otras demarcaciones y la clarividencia del entonces Padre General Vicente Tomek que vio claramente que la Orden debía continuar acompañando a los exalumnos cubanos, asociados en la Unión Familia Escolapia Cubana (UFEC), el más valioso ejemplo que tenemos de amor por Calasanz de muchísimos exalumnos escolapios.

No estoy proponiendo tomar decisiones sin lógica. Todo lo contrario. Estoy proponiendo introducir la profecía y lo contracultural en la lógica de nuestras decisiones. Gracias a esta “lógica”, la Orden tiene hoy, por ejemplo, dos pujantes demarcaciones en Asia, fundadas inicialmente por muy poquitos escolapios y, en algún caso, jubilados.

¡Hay tantos ejemplos…! Cuando el P. Julián Centelles, entonces Provincial de Catalunya, visitó México, vio clara la posibilidad de “volver a fundar la Orden en Puebla”, y pidió a su Vicario en Catalunya que le enviara algunos escolapios. El P. Manuel Bordás, que era el Vicario Provincial, se asustó y pidió consejo al P. Tomek que le respondió diciéndole que “las oportunidades hay que aprovecharlas”, y le dijo que mandara los religiosos a tierras mexicanas. Ahí está hoy la Provincia de México, sede del próximo Capítulo General. En la misma época, un sacerdote venezolano pidió al entonces Provincial de Vasconia, P. Juan Manuel Díez, que enviara un escolapio a su parroquia (Boconó). El P. Provincial no se fiaba mucho de esta propuesta, pero vio en ella una buena posibilidad de entrar en Venezuela, y envió al P. Nagore. Lo de Boconó no funcionó, pero el P. Nagore fundó en Carora y hoy tenemos seis colegios en esa sufrida tierra venezolana.

La mayor parte de las fundaciones hechas por la Orden tienen ese componente de “audacia y paciencia[2]” propio de las Escuelas Pías. Empiezan de modo muy pequeño y humilde, con escasos recursos y muchas dificultades, y poco a poco se van consolidando y acaban ofreciendo a la Orden y a la Iglesia nuevos horizontes de vida y de misión.

No quiero poner más ejemplos concretos, porque si sigo en esta línea seguro que dejaré de citar bastantes decisiones que merecen ser recordadas. Prefiero no seguir para que nadie me riña por no citar lo que hizo su Provincia.

A la luz de Jeremías 32 y de la historia de nuestra Orden, quisiera compartir con vosotros algunos criterios que pienso que debemos tener en cuenta si queremos que nuestra Orden siga adelante, con una cada vez mayor capacidad de convocatoria, de vida y de misión. Todos y cada uno de ellos tienen consecuencias; no son teóricos.

  1. No perder nunca de vista que lo importante no es la Orden, sino la Misión. Las Escuelas Pías son un instrumento. Sin duda que importantísimo, pero nuestro acento, nuestra mirada, está puesta en los niños y jóvenes, en la Misión. Desde ahí decidimos.
  2. Obedecer siempre a Calasanz, que dejó claro a los escolapios cómo debían situarse para construir la Orden: “no dejen de extender el Instituto, manténganse unidos y en paz, y confíen en Dios”[3]. Estos son los consejos que dio a los suyos al comunicar la reducción de la Orden.
  3. No tomar decisiones, ni valorarlas, desde el corto plazo o desde la “foto momentánea”, sino desde la perspectiva del que “apunta al futuro y trabaja por él”. Un ejemplo: es muy difícil -prácticamente imposible- empezar una fundación con una comunidad que cumpla todos los requisitos de una casa canónica. Empezamos quizá de modo humilde y en ocasiones frágil, pero tenemos claro el horizonte, y en unos años se consigue.
  4. A la hora de tomar decisiones, no pensar solo en los religiosos, sino en el conjunto de las Escuelas Pías (especialmente la Fraternidad), con cuya aportación corresponsable debemos contar para seguir construyendo las Escuelas Pías de Calasanz.
  5. No contemplar nuestra Provincia como algo “definitivo” y terminado de hacer, como una entidad que no tiene que plantearse desafíos nuevos o nuevas misiones. Una Provincia es un organismo vital, llamado a dar vida.
  6. Tener muy en cuenta y enriquecer progresivamente el concepto de “mentalidad de Orden”.
  7. Dar contenido y continuidad al proyecto “Escuelas Pías en Salida”, para que sea algo más que un proyecto: un modo de entender la Orden.
  8. Ser creativos a la hora de plantearnos nuevos modos de fundar. Por ejemplo, fundaciones entre varias demarcaciones, fundaciones encomendadas a Provincias madre con experiencia, pero impulsadas por religiosos de demarcaciones más jóvenes que tienen más posibilidades de envíos misioneros, etc.
  9. Tener siempre presente el “ante todo lo pobres” que marca el sentido de las Escuelas Pías.
  10. Tener siempre delante el desafío de la sostenibilidad integral de nuestra misión, de modo que nuestras opciones perduren, se consoliden y puedan así dar frutos.
  11. Escuchar las llamadas de la Iglesia y de los niños, las realidades en las que nuestra misión es más urgente, los desafíos que como escolapios somos llamados a atender.

Podríamos seguir ofreciendo criterios. Os dejo la tarea de compartirlos en comunidad y de enriquecerlos con vuestro modo de pensar. Es bueno hablar de las Escuelas Pías y de su construcción; es importante conocer qué pasos se están dando y desde qué opciones; es imprescindible continuar construyendo las Escuelas Pías.

Quiero terminar citando uno de los himnos que solemos cantar en honor a Calasanz. Se llama “Soñador de futuro”, y entre otras cosas dice “que todos pensaban que su sueño era una locura”. El estribillo que repetimos dice que Calasanz fue un “luchador incansable, de vida y fe inquebrantable”. Este es el camino.

Gracias a la comunidad de Barquisimeto por el extraordinario ejemplo escolapio que nos dan.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

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[1] San José de Calasanz. “Memorial a la Comisión delegada de cardenales”, año 1645. OPERA OMNIA vol, IX, página 466.

[2] Constituciones de las Escuelas Pías nº1

[3] San José de Calasanz. Carta 4342. OPERA OMNIA volumen 8º, página 273

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