Con la Escuela hemos topado

Y unas notas de teología de la Educación

José Luis Corzo Sch. P.

Colección EDUCAR. PPC 2020

El nuevo libro de nuestro hermano escolapio José Luis Corzo sale a la luz al finalizar el confinamiento por el COVID-19. Los largos meses de encierro han sido un espacio privilegiado para mirar la realidad con distancia, desde la tranquilidad que da tener tiempo para la reflexión.

Los temas que aborda son bien conocidos para los que seguimos sus reflexiones y tenemos simpatía por la pedagogía de d. Milani, de Pablo Freire y de San José de Calasanz, comprometidos por la educación de los últimos de la sociedad.

Para entender el pensamiento de Corzo hay que conocer un poco su experiencia personal que narra en primera persona en el último capítulo del libro. Con un encuentro providencial, su vida da un vuelco: “Me pidieron ir algunas tardes a una doposcuola en medio de las chabolas y una universitaria romana me oyó reñir a los niños revoltosos y amenazarlos con no dejarlos volver a los repasos si no venían a estudiar y no molestar a los demás: Tú expulsas precisamente a los que nosotros más queremos ayudar. No vuelvas. Léete este libro, -me dijo- Era la Carta a una maestra de los alumnos de Barbiana (…) Aquella lectura me impresionó tanto que todo parecía nuevo, hasta mi vocación de escolapio” (p. 82).

Los escritos de d. Lorenzo Milani despiertan en José Luis la vocación cristiana y escolapia de educar con pasión a los más necesitados, siguiendo los pasos de Calasanz. Era momento de aplicar el Concilio Vaticano II, que en la declaración sobre la educación nos dejó claro que las escuelas católicas deben ofrecen su servicio educativo en primer lugar a “aquellos que están desprovistos de los bienes de fortuna, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia, o que están lejos del don de la fe” (GE nº9). Muchos religiosos, algunos de ellos con mucha audacia y grandes obstáculos, buscaron caminos nuevos para actualizar el carisma fundacional. Corzo fue uno de ellos.

La legitimidad de buena parte de la “Escuela Católica” se puso en crisis porque se había posicionado al servicio de las clases privilegiadas, por proselitista y poco significativa. Algo no funcionaba y prueba de ello es que la misma Congregación para la Educación Católica declara en 1977: “Dado que la educación es un medio eficaz de promoción social y económica para el individuo, si la Escuela Católica la impartiera exclusiva o preferentemente a elementos de una clase social ya privilegiada, contribuiría a robustecerla en una posición de ventaja sobre la otra, fomentando así un orden social injusto” (EC 1977 nº 58).

La Escuela necesita “una urgente autocrítica”. Muchas de ellas huelen a dinero, son proselitistas y no están con los pobres. Con esta Escuela hemos topado, la que domestica bien a los niños y jóvenes para integrarlos a una estructura social vacía, desigual e injusta. Esa Escuela ya está agonizando.

La Escuela Católica en España ha hecho grandes esfuerzos. El régimen de conciertos educativos ha hecho posible el acceso de los pobres a las escuelas católicas, incluso se fundaron nuevas escuelas en barrios muy necesitados. En general, funcionan razonablemente bien porque tienen gran demanda social y están preocupadas por la inclusión, la evangelización y la educación integral. Sin embargo, siguen sin resolverse los grandes desafíos que hay.

Después de describir algunos hechos que manifiestan cierto agotamiento de la escuela, el autor recoge en las primeras páginas cuál es su intención al escribir este libro: “Todos estos hechos me hicieron cultivar casi en solitario la teología de la educación que algunos adivinarán en estas páginas. Sirven para entender la relación entre lo educativo y la fe en el evangelio”.

En el capítulo central defiende la escuela como una institución muy valiosa que instruye a los pobres para que puedan vivir mejor, como decía Calasanz en el memorial al cardenal Tonti: ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Hay tres capítulos auxiliares del capítulo central. En el primero “Nadie educa a nadie” desarrolla el concepto de educación unido al de instrucción, sin oposición entre ellos. Recuerda la perspectiva que tiene Pablo Freire de la educación: “Nadie educa a nadie, nos educamos juntos, mediatizados por el mundo” y el valor que D. Lorenzo Milani da a la palabra como herramienta educativa que ayuda a los alumnos a ser más libres y responsables.

En el segundo capítulo describe cómo es la juventud de hoy y los grandes cambios que la sociedad vive en la actualidad. “Hay tres grandes seísmos culturales que deben tenerse muy en cuenta: el primero, que el mundo actual se ha quedado sin Dios. Segundo, que las palabras ya no responden a la realidad, de tantas, tan huecas y efímeras como las hay. Y tres, que no hay tope moral o científico para que todo sea posible” (p. 77). Sin embargo, hay seísmos ventajosos como los movimientos pacifistas, ecologistas y feministas que luchan por un mundo mejor.

En el tercer capítulo desarrolla la pedagogía de dos grandes maestros: Lorenzo Milani y Pablo Freire. Corzo recoge las grandes coincidencias que hay entre ellos y se centra en el valor que ambos dan a “la palabra” como herramienta para tomar conciencia de la propia dignidad y situarse en el mundo.  Recoge hermosas anécdotas de ambos autores que ilustran su pedagogía.

Seguidamente hay dos capítulos agrupados bajo el epígrafe “Teología de la educación” donde el autor nos ofrece algunas luces pedagógicas desde el evangelio y presenta algunos documentos actuales que tienen relevancia educativa: la encíclica Laudato Si, Educar al humanismo solidario, una perspectiva crítica sobre el Sínodo sobre los jóvenes que se olvidó de la Escuela y la Exhortación apostólica Christus vivit. Para terminar, dos convicciones: la primera es que hay que desarrollar un modelo educativo más acorde a la naturaleza humana que relaciones –a través de símbolos- con lo otro, los otros y lo Otro. y la segunda es que “la educación y la fe cristiana se nutren del mismo sustrato terrenal, la vida y la cultura de los pueblos”.

Cierra el libro con un capítulo que he leído con mucho gusto porque narra la historia de una obra educativa que José Luis Corzo inició en Salamanca a inicios de los años setenta con un grupo de escolapios: la Casa-Escuela Santiago 1. Años después, la Granja Escuela Lorenzo Milani y la escuela de formación profesional. Actualmente, el proyecto pertenece a las Escuelas Pías Betania y abarca casas de acogida para menores en situación de riesgo social y una formación profesional con los tres grados.

Como escolapio, estoy muy orgulloso de tener de hermano a José Luis Corzo. Sólo he conversado con él en varias ocasiones, nos escribimos para compartir reflexiones y nos leemos mutuamente.  Digamos que tenemos pasiones comunes, aunque somos de generaciones diferentes.

En la confesión que hace en el último capítulo cuenta que la vida y la sugerencia de los superiores lo llevaron a dejar la Casa- Escuela que fundó. Después se centró en la docencia universitaria desde donde nos ha iluminado con sus sugerentes reflexiones que nos llaman a ser fieles al evangelio y a la intuición de Calasanz de educar a los más pobres.

Después de leer el libro, algunos escolapios dirán: “Un libro interesante, tiene razón en lo que dice… pero resulta imposible llevarlo a la práctica”. Quizá estos hermanos no recuerdan que pertenecemos a una Orden religiosa que nació del afortunado atrevimiento y la tesonera paciencia de San José de Calasanz que defendió hasta el último día de su vida el derecho de los pobres a la educación de calidad.

El que une la pasión por el evangelio junto a la pasión por la educación descubrirá que la obra que inició José Luis Corzo en Salamanca y las reflexiones educativas que nos hace tiene un gran sabor calasancio.

P. Javier Alonso Sch. P.