La llamada zona conurbada o metropolitana del Puerto de Veracruz tiene una población cercana al millón de habitantes; y la presencia escolapia se compone de una universidad, tres colegios, un centro social, una parroquia, un centro pastoral y una casa de retiros. Trabajamos con unos 5700 estudiantes y más de 700 colaboradores.

La pandemia del coronavirus comenzó a notarse de manera significativa en México a partir de marzo y, desde hace unos 60 días, se ha impulsado un nivel alto de cuarentena o confinamiento, con la suspensión de las clases y de las actividades sociales y pastorales. Este escenario restrictivo se mantendrá, al menos, durante gran parte de junio, haciendo que el curso lectivo de todos los ciclos se cierre por vía remota.

Al momento de escribir estas letras, la zona se encuentra en el punto álgido de contagios, con un aumento diario y creciente de la mortalidad. Son ya varios los colaboradores contagiados y muchísimas las familias que sufren de la enfermedad y pérdidas de seres queridos. La experiencia traumática asociada al miedo de la pandemia y a sus eventuales consecuencias laborales y económicas, ha provocado el desborde de trastornos sociales y psicológicos que, incluyen, desde la depresión a la violencia intrafamiliar.

Los religiosos escolapios estamos bien y nuestra labor se ha concentrado fundamentalmente en:

  1. Mantener la regularidad de las actividades educativas por vía remota, utilizando plataformas tecnológicas. Esto ha exigido acompañamiento técnico y humano del personal docente que ha llevado su tarea con gran responsabilidad y profesionalismo. Pero también ha sido necesario desarrollar actividades paralelas que garanticen educación a los alumnos que no tienen acceso a la tecnología.
  2. Propiciar espacios de acompañamiento psicológico y espiritual a través de medios de asistencia remota, donde las personas son remitidas a distintos acompañantes y consejeros según su necesidad. Se ha mantenido la eucaristía dominical on-line y la eucaristía diaria presencial para colaboradores esenciales. Buscamos la mayor cercanía con los miembros de nuestra comunidad que están enfermos o han perdido seres queridos.
  3. Garantizar el salario y beneficios sociales de los colaboradores y favorecer los plazos y descuentos necesarios para el pago de las familias. Procuramos la mayor empatía con todos y un equilibrio financiero que es difícil, pero no imposible.
  4. Diseñar el próximo curso con la mayor ilusión, adecuándonos a los nuevos desafíos y a las oportunidades que también llegarán.

Si el presente está siendo muy duro y lleno de dificultades, lo cierto es que el futuro también es impredecible. Más allá de la realidad de salud, cuya evolución desconocemos, está claro que el país experimentará (ya lo está haciendo) una gravísima contracción económica con la pérdida definitiva de cientos de miles de negocios y millones de empleos. Pero también es cierto que el futuro lo construimos entre todos y debemos estar listos para ofrecer a la sociedad veracruzana lo mejor.

La “salida” de esto va a ser muy dura, no solo por el sentido doloroso de las pérdidas personales, profesionales y materiales, sino también por la eventual alteración de los frágiles equilibrios sociales y políticos que hay en el país y en el estado de Veracruz. Por ahora toca sostener con esfuerzo, acompañar con creatividad y soñar con audacia.

 

P. Rodolfo Robert Sch. P.

 

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