“María dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2, 7)

Estamos tan acostumbrados a este texto, que a veces no nos damos cuenta de la extraordinaria sencillez con la que se narra el acontecimiento más formidable de la historia de la humanidad. Es Dios quien, en su misericordia, se encarna en un niño pobre y desvalido, y asume nuestra condición para, con su mensaje y con su presencia, transformar para siempre nuestra vida y, por su muerte y resurrección, llevarnos a la plenitud de Dios.

Esta es nuestra fe, que celebramos de modo especial en este tiempo de Navidad. Celebramos el amor de Dios, el Magnificat de María, la fe silenciosa y humilde de José, la búsqueda de los Magos, la esperanza de los pastores, el anuncio del “Gloria de Dios en las alturas y Paz en la tierra a los hombres amados del Señor” que proclamamos en cada Eucaristía dominical. Celebramos el anuncio del ángel “no tengáis miedo”, y la plenitud del “ahora, Señor, ya puedes dejar a tu siervo irse en paz”, del anciano Simeón.

Celebramos en familia, en comunidad, en las aulas, en el Movimiento Calasanz, en los equipos de educadores, en nuestras parroquias, en los hogares, en todas nuestras plataformas de Misión. Celebramos en la Fraternidad, en nuestro trabajo, en las calles y plazas de nuestras ciudades. Nos deseamos paz, felicidad, bendición. En medio de nuestra vida, tan llena de trabajo y actividad, y en ocasiones tan distraída, la Navidad nos ayuda a poner la atención en lo que realmente es importante y central: “al cumplirse la plenitud de los tiempos, Dios nos envió como salvador a su único Hijo”.

Que todos los que somos y nos sentimos hijos e hijas de Calasanz vivamos esta Navidad como una nueva oportunidad para el encuentro con Dios y con los hermanos, y este encuentro nos ayude en nuestra vida y en nuestra vocación.

¡Feliz Navidad, y un año nuevo pleno de vida y de misión!

La Congregación General de la Orden de las Escuelas Pías