La importancia de “crecer en humanidad”

Con motivo del 20 aniversario de su publicación, el secretariado general para el Ministerio de la Orden y Ediciones Calasancias han reeditado la colección de 21 cuadernos que abordan desde diferentes puntos de vista los desafíos de la educación para la acción social.

La colección está disponible para su descarga gratuita on line y pretende impulsar la reflexión de la educación desde la perspectiva de un “humanismo integral y abierto” recogido en la encíclica “Populorum Progressio” de Pablo VI y en el pensamiento social de Juan Pablo II: «los valores de un humanismo integral, fundado en el reconocimiento de la verdadera dignidad y de los derechos del hombre, abierto a la solidaridad cultural, social y económica entre personas, grupos y naciones, con la conciencia de que una misma vocación agrupa a toda la humanidad”.

Los cuadernos están organizados en 3 amplios bloques que abordan la cuestión social desde diferentes ópticas como la identidad de la educación católica, los grandes desafíos sociales y finalmente, los que traducen los grandes principios a la práctica. Se trata, como señala el coordinador de la Colección, el escolapio Javier Alonso, de un material “muy útil”. “Estos cuadernos son instrumento de formación permanente para los educadores, estudiantes de ciencias de la educación, agentes de pastoral o animadores socioculturales”, explica Alonso, para quien el material facilita la adquisición de una perspectiva “más humanista de la educación”.

Entre los autores que participan en la colección destacan el dominico y doctor en teología Martín Gelabert, el catedrático Fernando Marhuenda o María Nieves Tapia, fundadora y Directora del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS). Los cuadernos de “Educación para la Acción Social” fue una iniciativa editorial que impulsaron las Escuelas Pías hace 20 años y que ahora cobran mayor actualidad que entonces ya que responden a los grandes desafíos que tiene la educación bien entrado ya el siglo XXI.

“Crecer en humanidad” es el gran desafío que deben afrontar los sistemas educativos que muestran síntomas claros de decadencia, tal como se afirma con lucidez en el documento vaticano “Educar en un humanismo solidario”: “(Hay concepciones antropológicas) que entienden la educación como un proceso de adiestramiento del individuo a la vida pública, en la que actúan las diferentes corrientes ideológicas, que compiten entre sí por la hegemonía cultural. En este contexto, la formación de la persona responde a otras exigencias: la afirmación de la cultura del consumo, de la ideología del conflicto, del pensamiento relativista, etc. Es necesario, por lo tanto, humanizar la educación; es decir, transformarla en un proceso en el cual cada persona pueda desarrollar sus actitudes profundas, su vocación y contribuir así a la vocación de la propia comunidad”.

“Humanizar la educación” significa poner a la persona al centro de la educación, en un marco de relaciones que constituyen una comunidad viva, interdependiente, unida a un destino común. De este modo se cualifica el humanismo solidario.

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