Este año 2020 era ya especial para nuestra Provincia porque celebramos los 150 años de presencia escolapia en la República Argentina. Nos dispusimos a hacerlo bajo el lema de “feliz audacia y tesonera paciencia” con un rico programa de iniciativas variadas que se ha visto prontamente trastocado. La memoria de Calasanz y de nuestros intrépidos fundadores nos impulsa a afrontar de manera especial las circunstancias inesperadas en que nos vemos implicados en todo el mundo y el modo particular en que nos afectan a los argentinos.

La difusión del Covid-19 es, en términos comparativos con otros países, muy escasa en el nuestro. De hecho no hay personas infectadas entre la gente que conocemos aunque estamos presentes en variados sitios y las mayores ciudades. Tal vez se deba a que aquí las medidas restrictivas se impusieron muy prontamente. Eso genera que en este momento la preocupación mayor sea el mismo aislamiento y sus graves consecuencias en todos los ámbitos de la vida.

Ha sido una particular complicación para nosotros que las clases se suspendieron a dos semanas de haberlas comenzado y ya está claro que la mayor parte del curso escolar no se desarrollará normalmente. Se estima que el regreso a las aulas será recién en septiembre, de manera parcial y escalonada, con el año escolar que termina en diciembre. Ya hay establecimientos educativos de los más pequeños que han comenzado a cerrar y la crisis nos afectará más temprano que tarde a todos. Estimamos que esto traerá consigo graves pérdidas y profundas transformaciones dentro de toda la educación de gestión privada. Para nosotros es fundamental plantearnos de una manera nueva la sustentabilidad de nuestras instituciones.

El Gobierno ha establecido una serie de medidas que concentran el protagonismo estatal por sobre la iniciativa social, que está imposibilitada en muchos sentidos de actuar por las normativas emanadas de las autoridades. Se ha incrementado la emisión de moneda para financiar estas acciones públicas pero evidentemente esto la deprecia a pasos agigantados. Cada vez se devalúa más el peso argentino y sube la inflación, en una situación de cesación de pagos a los acreedores externos del país.

La vida de nuestras comunidades religiosas es sólida y fecunda. Las circunstancias han favorecido el mayor incremento del tiempo y las actividades formativas, domésticas y recreativas compartidas en comunidad. Se celebra la Sagrada Liturgia con gran amor, especialmente teniendo presentes a quienes no pueden acceder a hacerlo y a tantos que sufren de diversas maneras las consecuencias de todo lo que vivimos. Se procura sostener y animar, desde las comunidades, la vida apostólica escolapia de nuestras casas y obras con gran variedad de iniciativas, algunas sumamente ricas y creativas. La gente vinculada a nosotros nos siente cercanos y presentes. La formación inicial en todas sus etapas está muy bien cuidada y es una de las áreas de mayor fortaleza y dinamismo para nuestra Provincia en estos momentos. Hemos tenido que posponer, con gran pesar, una profesión solemne y ordenación diaconal y una ordenación sacerdotal.

Para completar el cuadro, podemos agregar que:

  • Junto al resto de los educadores y directivos de nuestros colegios procuramos proseguir el servicio educativo de nuestras escuelas por medios virtuales, ensayando y aprendiendo nuevas maneras de hacer escuela pía.
  • Sostenemos a diario el servicio de comedor para los niños del Hogar Calasanz de Buenos Aires y de la Escuela San Francisco de Asís de Quimilí.
  • Transmitimos las celebraciones litúrgicas y otras acciones desde nuestras dos parroquias de Córdoba y Buenos Aires.
  • Comenzamos un nuevo grupo de Escuela Mentor de formación de animadores, adaptándola al formato a distancia.
  • Tenemos sumamente activo el Iter Calasanz en cada lugar, con una profunda interacción entre casas que se ha expresado en encuentros provinciales virtuales de cada etapa y una gran colaboración mutua entre los mentores-animadores de la Provincia.
  • Proseguimos la formación del nuevo grupo de Escuela de Educadores que pudo iniciar presencialmente en febrero y del Equipo de Mentores a cargo del Proyecto Virtus.
  • Presidimos el Comité de Crisis de FAERA (Federación de Asociaciones Educativas de Religiosos) y procuramos estar bien informados de las normativas y pautas oficiales, que cambian día a día y aún hora a hora.
  • Buscamos adecuarnos en lo económico y jurídico a la situación crítica que nos amenaza para garantizar la sostenibilidad integral de nuestra presencia.
  • Tenemos reuniones virtuales de los distintos consejos y equipos provinciales para poder acompañarnos y orientarnos con criterios comunes en estas circunstancias.
  • También la Fraternidad se reúne, generalmente en línea, para compartir la vida y la fe y busca modos de expresar su servicio apostólico.
  • Seguimos todos pensando nuevas y mejores maneras de vivir hoy la misión escolapia en las inesperadas circunstancias que nos toca afrontar.

Cuando comenzamos las celebraciones de nuestro sesquicentenario escolapio en Argentina no imaginamos que íbamos a ser tan desafiados a vivir todo lo que implica la “feliz audacia y tesonera paciencia” de José de Calasanz. Que él nos ayude a ser diligentes herederos e idóneos portadores de su bendición para los niños y jóvenes que también hoy piden pan y no tienen quién se los reparta.

P. Marcelo Benítez Sch. P.

 

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