“Y, porque profesamos ser auténticos pobres de la Madre de Dios, no descuidaremos nunca a los niños pobres, sino que procuraremos, con mucha paciencia y caridad, enriquecerlos en todas las virtudes, especialmente estimulados por la Palabra del Señor: “Lo que hicisteis a uno de estos mis Hermanos más pequeños a mí me lo hicisteis”. Constituciones Escolapias n.7

El día 3 de febrero, en la iglesia Nossa Senhora das Graças, en Governador Valadares, los Escolapios de Brasil celebraron, con gran alegría, la Ordenación Diaconal de Fabrício Dias dos Passos, en la Eucaristía, presidida por Dom Antônio Carlos Félix, Obispo Diocesano de Governador Valadares, y concelebrada por los religiosos escolapios, los Padres Javier, José Luis, Fernando, José Carlos, Enivaldo, Arilson, Alex, Vitório y Alexandre, por el padre diocesano Luis Márcio y por el P. Mauricio, religioso dominico y también por el P. Sebastião.

Estuvieron presentes en esa Eucaristía los miembros de la Fraternidad Escolapia de Governador Valadares, Belo Horizonte y Serra, y religiosos y religiosas, amigos de los escolapios, acogidos cariñosamente por las comunidades parroquiales.

Dom Félix, en su homilía, destacó el valor del servicio del diaconado para el pueblo de Dios. El diácono es el ministro al servicio de y para la Iglesia, edificándola. Él recibió el “Sello de Dios”, siendo llamado a servir a los demás, presencia viva de Dios. Así debe vivir un continuo salir de sí mismo, pues su don es la apertura al otro, principalmente los más necesitados, con amor y obediencia al Señor. Viviendo auténticamente el Evangelio el diácono se consagra a Dios para llevar a cabo su ministerio con sabiduría y caridad pastoral, atendiendo con solicitud, a los excluidos y marginados, así como hizo Jesús.

El Obispo retomó las lecturas bíblicas proclamadas, resaltando del texto de Jeremías que, por el bautismo, todos somos llamados a ser profetas, hombre y mujeres de esperanza y defensores de los débiles, del texto de Pablo a Timoteo destacó el valor de la juventud de Timoteo, llamado a ser ejemplo fiel, a pesar de su corta edad, en la escucha de la Palabra, en la conducta, en la caridad, en la fe y en la pureza. Y del Evangelio de Mateo habló de la responsabilidad del cristiano siendo sal de la tierra y luz del mundo, dando sabor e iluminando las realidades, para “gloria de Dios y utilidad del prójimo”.

Hoy Fabricio, queriendo seguir a Cristo más de cerca en la Iglesia, a través del carisma calasancio, se dispone a dar un importante paso en su vida. El diácono participa del modo muy especial en la misión de Cristo. Por este primer grado del sacramento del Orden, él recibe una señal que no puede ser apagada, pues le configura como el mismo Cristo servidor de todos. Por tanto, el diácono se convierte en un “imitador” de la vida del Señor, prolongando en el mundo el servicio iniciado por Él. Las actitudes del elegido se deben basar en el amor sincero, la disponibilidad para con los pobres y enfermos, autoridad discreta y sencillez de corazón, siendo el diácono constructor y animador de un nuevo rosto de Iglesia, acogedora, servicial, creativa y solidaria, de comunión y participación, siempre guiada por la luz del Evangelio. Su principal misión es la de hacer que toda la Iglesia sea servidora, viviendo así como testimonio de las palabras de Cristo. La vida y vocación de Fabricio es una gracia de Dios y un regalo para la Iglesia y especialmente la Escuela Pía.

Hermanados por esta alegría de celebrar este gran regalo para las Escuelas Pías, como Iglesia, subiremos al altar del Señor, dando gracias porque también somos servidores, sal de la tierra y luz del mundo, propagadores de la Piedad y de las Letras, del amor y de la esperanza”.

Maria Aparecida Miranda

 

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