“El Espíritu Santo, que concede a cada uno su propio carisma para edificación del Cuerpo de Cristo, inspiró a nuestro fundador la obra de las Escuelas Pías. Nuestra Orden participa de manera específica en la misión evangelizadora de toda la Iglesia por medio de la educación integral de niños y jóvenes, sobre todo de los más necesitados, plasmada en el cuarto voto específico” (Constituciones 90)

La Orden de las Escuelas Pías, engendrada en la Iglesia por el afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de San José de Calasanz, acoge con alegría, confianza y disponibilidad la llamada de Su Santidad el Papa Francisco a participar en el proceso sinodal iniciado en toda la Iglesia.

Desde nuestra fundación, nuestra Orden se ha sentido plenamente hija de la Iglesia, que reconoció desde el primer momento la originalidad del carisma de Calasanz como una formidable aportación no sólo a la edificación de la Iglesia, sino a la transformación de la sociedad a través de la educación popular integral, desde los valores del Evangelio, y al servicio de los niños y jóvenes, especialmente de los más pobres.

En fidelidad a nuestro carisma, a nuestra historia y a nuestra misión, expresamos nuestro pleno compromiso con el proceso sinodal convocado por el Papa y ofrecemos nuestra disponibilidad para colaborar en él desde lo que nosotros podemos aportar.

La misión es la razón de ser de la Orden, la comunión es a la vez un don y un desafío, y la participación es el camino desde el que podemos responder a una y a otra. Esta es nuestra convicción, y desde ella queremos recorrer este proceso.

Afirmamos la Comunión como un don del Espíritu y como un desafío que nos anima a estar en permanente proceso de conversión. La comunión brota de la centralidad de Cristo, el Señor, en nuestra vida y misión, y se construye desde una vivencia plena de la propia vocación. Esta comunión la vivimos en el seno de la Orden y la compartimos en profundidad con la Fraternidad Escolapia, con la Familia Calasancia, y con todas las personas que viven entre nosotros, de manera especial con nuestros educadores, con nuestros alumnos y alumnas y con sus familias. Creemos en la comunión.

Asumimos la Misión como la razón de ser de la Orden, y la vivimos con disponibilidad y entrega, con plena conciencia de estar enviados por la Iglesia para construir un mundo más justo y fraterno desde nuestro carisma fundacional. Nos sentimos impulsados por el amor de Cristo a dedicar al servicio de los hermanos toda nuestra existencia, y a imitación de Calasanz, deseamos entregar nuestra vida al servicio de los niños y jóvenes. El Papa nos invita a estar en “estado permanente de Misión”, a través de una conversión pastoral y misionera. La Misión se convierte así en camino de cambio y renovación, en camino sinodal.

Entendemos la Participación como el camino para vivir, crear e impulsar la comunión y la misión. La Participación supone optar por caminar en común con cuantas personas quieran compartir el sueño de Calasanz, y nos exige crear las condiciones para que esto sea no solamente posible, sino vivido de forma creativa y corresponsable. Buscamos que esa participación provoque discernimiento en línea de comunión y de misión.

Como Escuelas Pías, nos proponemos participar en todas las dinámicas propias del proceso sinodal de nuestra Iglesia: en el nivel diocesano, en el propio de las asociaciones de Vida Consagrada, y en el seno de las Escuelas Pías.

Iniciamos con esperanza un camino sinodal escolapio, en el que buscaremos el encuentro, la escucha y el discernimiento. Mantengámonos en oración y en disponibilidad corresponsable a lo largo del proceso que vamos a impulsar estos meses en el conjunto de las Escuelas Pías.

Que todo sea para Gloria de Dios y Utilidad del Prójimo.

La Congregación General de las Escuelas Pías

Roma, 23 de octubre de 2021.