Este mes estamos haciendo una experiencia que ha superado nuestras expectativas: abrir nuestra oración de la tarde a quienes quieran venir de nuestra comunidad cristiana de Makili.

Desde que empezamos a preparar nuestro “breviario” con laudes y vísperas alternando inglés y portugués, y siempre algunos textos (como los cánticos) en tetun, pensando en los aspirantes que vendrán, dijimos que debíamos poder orar con la gente, como en los primeros tiempos de la Iglesia.

Así lo dijimos en la misa dominical: la oración del atardecer está abierta a quien quiera participar, aunque buena parte sea en inglés o portugués. Con ese fin separamos la meditación de las vísperas, así podían venir a las 7 de la tarde y nosotros comenzábamos a las 6 y media la meditación.

El primer día algunos niños se acercaban a la puerta de la Iglesia a vernos cómo estábamos en la oración personal, pero no entraban. Alguno de la comunidad pensaba que mejor poner cortinas porque orar con espectadores no estaba bien. Después a las 7 se unieron a nuestra oración una docena de personas, para contento nuestro.

La sorpresa es que el segundo día los niños entraron y se sentaron detrás de nosotros en completo silencio la media hora de oración.

Actualmente participan en nuestra oración en silencio (con el sagrario y una cruz iluminadas con velas) cerca de veinte niños y algún adulto. Y de nuestras vísperas unas cuarenta personas.

Procuramos cantar algún salmo, los himnos y cánticos. Y el mes de octubre terminamos con la corona de las 12 estrellas en tetun.

Creo que nos hace sentir más comunidad cristiana y, al final, más bien nos ayuda en la meditación sabernos comunidad juntos. Nunca hubiéramos imaginado esta respuesta ni este modo de acción pastoral.

Está claro que el Reino de los Cielos es de los que se hacen como niños.