Recientemente, la Congregación General ha puesto en marcha un nuevo proyecto, al que hemos llamado ESCUELAS PÍAS EN SALIDA.  Todos habéis recibido diversa documentación al respecto, de modo que no creo que sea necesario que yo lo vuelva a explicar en esta carta fraterna.

Mi intención al escribiros sobre este tema es tratar de profundizar en algunos elementos que me parecen especialmente importantes, y que quisiera destacar, con el fin de contribuir a que todos tengamos mayor claridad en relación a este proyecto y lo que puede significar para todos nosotros.

Para entender bien esta carta, debemos tener delante los documentos oficiales en los que la Congregación General ha hablado del impulso de las Escuelas Pías en Salida. Articularé mi reflexión en algunos puntos concretos.

“Escuelas Pías en Salida” es un proyecto formativo, pero no es sólo eso. Efectivamente, es verdad que buscamos que un grupo de escolapios, cada dos años, lleven adelante un proceso de formación integral –marcado por las claves de la interculturalidad y la disponibilidad misionera- que les permita crecer en su vocación y poder colaborar de modo nuevo en la misión de la Orden, tanto en sus propias demarcaciones como en otros lugares de misión. Esto es cierto. Pero aspiramos a más.

Con el equipo coordinador hemos hablado mucho de lo que significa generar una “cultura en salida”, un modo de comprender la vida, la misión, la disponibilidad, la vocación, incluso la organización de las Escuelas Pías, desde la perspectiva desde la que el Papa Francisco habla tantas veces a la comunidad cristiana: una Iglesia “en salida”, es decir, más misionera, menos autorreferencial, más apasionada por la evangelización, más dispuesta a opciones de misión aunque puedan ser complejas, más samaritana, más cercana a los pobres, menos preocupada por sí misma, más centrada en su único Señor, más creadora de puentes y superadora de muros, etc. Todas estas cosas –y muchas más- son subrayadas por el Papa cuando habla de su deseo de una “Iglesia en salida”.

El proyecto que proponemos no tendría sentido –o al menos no estaría plenamente comprendido- si lo redujéramos a “un grupo de escolapios que hace un curso de dos años con algunas experiencias significativas”, y la Orden viviera a espaldas –o sin interesarse realmente- de los dinamismos que intentamos impulsar. Por eso deseo compartir con vosotros algunos de esos dinamismos.

Religiosos escolapios que trabajan a fondo para ser disponibles, para ofrecer su persona a la misión de la Orden en contextos diversos. Es cierto que todos nosotros, por definición, somos personas disponibles, pero también lo es que la disponibilidad es una actitud en la que todos debemos crecer. No se trata sólo de “ser disponibles”, sino de trabajar para estarlo. Y esta es una tarea profundamente espiritual. Las grandes opciones de la vida consagrada ni las podemos dar por supuestas ni las podemos dejar de cuidar. Siempre hay que trabajarlas. Los participantes en el proyecto abordarán a fondo estas cuestiones, pero somos todos los que tenemos que sentirnos llamados a llevar adelante un “trabajo espiritual” que nos ayude a crecer en esta dimensión que no sólo es central, sino especialmente significativa, en nuestra vida.

Religiosos escolapios que quieren entrar trabajar sobre lo que significa construir unas Escuelas Pías interculturales, en las que seamos capaces de llevar adelante proyectos comunes entre personas diferentes, en los que sepamos conjugar bien la necesaria inculturación con la enriquecedora pluralidad. Es toda la Orden la que necesita plantearse este desafío, porque tenemos que reconocer que hemos hablado poco de él y hemos profundizado poco en las diversas claves que lo configuran.

Ya os anuncio que la Congregación General está organizando un “Seminario de trabajo” sobre interculturalidad que, Dios mediante, tendrá lugar en Roma entre los días 3-7 de febrero de 2020. Queremos contribuir a nuestra reflexión sobre este apasionante desafío, y deseamos ofrecer al conjunto de las Escuelas Pías algunas pistas que nos ayuden a profundizar.

Religiosos escolapios que pueden ser enviados en misión de modo nuevo. Los “márgenes” desde los que entendemos el “envío en misión” han cambiado mucho entre nosotros. No sólo porque las propias demarcaciones han cambiado, y dentro de la misma Provincia podemos ser enviados a lugares que hace años ni pensábamos, sino porque cada vez es más normal entre nosotros que el ámbito de nuestros envíos sea el conjunto de la Orden.

Esto no significa que no debamos cuidar las Provincias, o que éstas hayan perdido relevancia en la dinámica de la Orden. Nada de esto es así. Las Provincias son estructuras necesarias, centrales, esenciales, y su dinamismo debe ser cuidado especialmente por la Orden. Lo que está ocurriendo es que cada vez es más claro que “amar la Provincia y amar la Orden” son el mismo amor, y que “estar disponible para la Provincia y estarlo para la Orden” son la misma disponibilidad.

No es insignificante que hayamos dicho a todos los que se interesan en participar del proyecto “En salida” que tienen el compromiso de estar disponibles a un envío en misión, pero también a aceptar no ser enviados a ningún lugar diferente de su Provincia, cosa que será lo más normal. Entre otras cosas porque ningún proyecto de la Orden debe poner en riesgo las posibilidades de crecimiento en vida y misión de todas y cada una de las demarcaciones escolapias.

Religiosos escolapios disponibles a nuevas presencias de misión, de diverso estilo. Pensamos en presencias en Provincias necesitadas de revitalización, que se doten de un proyecto que vaya en esta dirección y que necesite “más manos que las propias”; presencias en países en los que estamos comenzando y que necesitan el apoyo de una nueva comunidad escolapia que pueda acelerar el proceso de consolidación; presencias en algún país nuevo, en el que no estamos presentes, pero se nos espera con ilusión y esperanza; presencias en países en los que estuvimos y en lo que tenemos posibilidades de reconstruir la historia escolapia que en su momento parece que llegó a su fin, pero no es así ni nunca ha sido así; presencia en contextos especialmente necesitados de misioneros “ad gentes”, en los que será especialmente complicado el surgimiento de vocaciones escolapias autóctonas; presencias capaces de renovar dinamismos de vida comunitaria y de misión que precisan nuevos aires y nuevos compromisos, etc.

No buscamos simplemente organizar un curso para veinte religiosos que termine en dos años y que –sin duda- les ayude en su vocación. Buscamos iniciar un nuevo dinamismo, y que este proyecto no sólo se mantenga en el tiempo, sino que trascienda sus propios limites organizativos e impregne a la Orden de una nueva cultura, de una mayor capacidad de encarar los retos que debe afrontar una institución como las Escuelas Pías, engendrada en la Iglesia para contribuir a la reforma de la propia comunidad cristiana y a la transformación de la sociedad. Calasanz nos indicó el camino; recorrámoslo.

En este proyecto, hay algunas áreas de nuestra vida y misión que están especialmente conectadas con el proyecto “en salida”. Cito algunas de ellas: la formación inicial del escolapio, que debe trabajar de modo sistemático estas dimensiones, siempre desde la óptica del “religioso que nuestro mundo y nuestra Iglesia necesitan”; la formación de los formadores, que deben acompañar tantas almas generosas de jóvenes escolapios que desean crecer en comunión profunda de Orden; el estilo de las comunidades que vayamos fundando, desafiadas por el testimonio de la fraternidad, de ser alma de la misión, de la corresponsabilidad, de la centralidad del Señor, etc.; el “sobre todo a los pobres”, que marcó desde el comienzo la vida de las Escuelas Pías y que sigue siendo central en nuestro modo de entender la misión de la Orden; la actualización y encarnación del carisma -las dos cosas-, en contextos diversos y cambiantes…

Lo dejo aquí.  Os invito a seguir reflexionando sobre todo esto en vuestras comunidades, en vuestros encuentros escolapios. Pero sobre todo os invito a orar por los frutos de este proyecto, para que el Señor bendiga los esfuerzos de los hijos de Calasanz para seguir sirviendo, como cooperadores de la Verdad, en la fertilísima mies que nos ha sido encomendada.

Recibid un abrazo fraterno.

 

Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

 

Descarga la carta

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies