Como todos sabéis, estoy en plena Visita Canónica General. Más o menos en la mitad del trabajo. Ya he visitado Betania, Austria, Italia, África del Oeste, Estados Unidos- Puerto Rico, Californias, Brasil-Bolivia, Centroamérica-Caribe, Chile y Japón-Filipinas. La visita de algunas de estas demarcaciones aún no está terminada, pero vamos poco a poco.

Como todos os podéis imaginar, las situaciones son muy diversas, y eso nos obliga discernir bien sobre las mejores opciones para fortalecer la vida y misión escolapia en cada una de las demarcaciones.

Junto a las tareas propias de la Visita General, hay otras cosas que estamos llevando adelante. Destaco tres ellas: las reuniones con las nuevas congregaciones demarcacionales, el acompañamiento de los procesos capitulares y la realización de los diversos encuentros formativos previstos.

Van saliendo algunos temas que considero importantes y sobre los que me gustaría ofreceros alguna información. Todos ellos tienen un denominador común: ¿qué opciones nos ayudarían más en la tarea de crecer en nuestra capacidad de Vida y de Misión? Me gustaría compartir con vosotros algunas de las que van emergiendo en el conjunto de las visitas, en tantos diálogos, reflexiones y oraciones.

Una opción “espiritual” con consecuencias muy concretas: entender bien la opción central de Calasanz. Calasanz trabajó muchos años en la escuela. Dio la vida por la misión. Pero no sólo hizo eso. No sólo “trabajó”. Construyó la Orden. Por eso pienso que hay que entrar en esta dinámica espiritual. No es suficiente con dar la vida por la misión; tenemos que construir la Orden, hacer posible las Escuelas Pías. Y esto en cada lugar, en cada demarcación, en cada uno de nosotros. En el fondo, se trata de una opción espiritual y de un cambio de mentalidad.

Esta opción está llamada a provocar profundos cambios. Es muy importante trabajar con entrega y generosidad en el lugar en el que estamos, pero no podemos perder la perspectiva, y en ocasiones la perdemos. Y esto tiene mucho que ver con la disponibilidad, con la apertura a las necesidades de la Provincia o de la Orden, con la superación de los localismos, con la pastoral vocacional, etc.

Hay una segunda opción que va siendo reflexionada en la Visita Canónica: incrementar el número de Noviciados, con el horizonte de que cada Provincia llegue a tener su propio Noviciado, siempre abierto a las necesidades de los demás. En este momento tenemos tres Noviciados en América, dos en África, cuatro en Europa y dos en Asia. Comparto mi convicción de que, si cada Provincia trabaja por tener su propio Noviciado, ello redundaría en el crecimiento de la conciencia de la importancia de la Pastoral Vocacional y de la Formación Inicial, y en la corresponsabilidad de todos por el crecimiento de la Provincia.

Comparto también mi convicción de que esta opción no va en contra de la “mentalidad de Orden”, sino a favor de la construcción de Provincias más estables, cohesionadas y dinámicas. Hay muchas opciones que podemos y debemos trabajar para avanzar en “conciencia de Orden”. Invito a los superiores mayores a que reflexionen sobre este asunto, que considero muy importante. Pienso que la madurez de una Provincia se expresa privilegiadamente en algunas opciones, y entre ellas cito la capacidad de fundar en otros lugares y el esfuerzo por tener, completo, todo el itinerario formativo.

No quiero dejar de insistir, empero, en la obligación de ayuda mutua entre todas las demarcaciones para el desarrollo adecuado de la formación inicial de todos los jóvenes escolapios. Y tampoco quiero dejar de recordar que, para que esto sea posible, tenemos que avanzar mucho más en lo relativo a la formación de formadores.

Impulsar decididamente el Movimiento Calasanz. Es una opción que va creciendo y consolidándose poco a poco, pero creo que debemos apostar más fuertemente por ella. El Movimiento Calasanz busca engendrar procesos pastorales completos desde la infancia a la juventud adulta; fortalecer la comunidad cristiana escolapia; hacer más consistente la Fraternidad Escolapia; provocar más opciones vocacionales incluyendo la vida religiosa escolapia, etc. Pero sobre todo busca acompañar el proceso integral de fe de los niños y jóvenes, para que puedan llevar adelante sus opciones bien acompañados y de modo compartido. Todas las demarcaciones son llamadas a tomar decisiones que permitan que este proceso pastoral escolapio sea en verdad una referencia real para todos.

Fortalecer la Fraternidad Escolapia es otra de las claves que van saliendo con fuerza en la Visita Canónica. La Fraternidad de las Escuelas Pías es una opción que tiene ya bastantes años. Ha dejado de ser una “novedad” o “algo propio de algunas Provincias”. Es una opción de Orden, para todos, claramente consolidada en nuestras Reglas Comunes. El mandato de la Orden[1] es “promover y consolidar las Fraternidades escolapias” y “establecer con ellas las adecuadas relaciones institucionales”. Es decir, no se trata sólo de impulsarlas, sino de ubicarlas adecuadamente en el conjunto de la demarcación y de cada presencia escolapia.

La apuesta por la sostenibilidad integral de nuestras presencias. El concepto de “sostenibilidad integral” está siendo cada vez más hablado y comprendido. En ocasiones, cuando hablamos de sostenibilidad parece que nos referimos esencialmente a los recursos económicos. Y no es así. Por supuesto, los recursos económicos son necesarios, y su búsqueda, administración y gestión son un desafío de primer orden en las Escuelas Pías. Pero cuando hablamos de sostenibilidad tenemos que pensar en más cosas. Entre ellas: presencia de los escolapios; comunidades cristianas escolapias que sean la referencia de la obra; proyectos de misión; identidad calasancia de los educadores, etc. De lo que se trata es de garantizar que nuestras presencias sean siempre escolapias.

La dinámica “En Salida”. Como es lógico, en todas las visitas a las Provincias aparece este desafío que nos hemos planteado como Escuelas Pías: avanzar en una “cultura en salida”, que nos ayude a crecer en capacidad misionera, interculturalidad, generación de nuevos dinamismos escolapios, impulso de nuevas presencias, etc. El proyecto “Escuelas Pías en Salida” está llamado a consolidarse poco a poco y a ofrecer nuevas posibilidades para la Orden. Reitero mi invitación a acoger esta propuesta con audacia y generosidad.

El acompañamiento de las personas. Es un tema que sale reiteradamente en todas las reuniones de la visita. Es cierto que sale de modo especial cuando hablamos de los jóvenes en formación y de los religiosos en sus primeros años de vida escolapia adulta, pero es claro que se trata de un desafío para todas las edades. ¿Cómo acompañamos a nuestros ancianos y enfermos? ¿Cómo preparamos a los responsables de las comunidades en esta dinámica? ¿Qué tipo de mediaciones formativas organizamos para los adultos jóvenes? ¿Qué propuestas establecemos para los diversos ciclos vitales? ¿De qué manera preparamos a los jóvenes escolapios para aprender a acompañar? ¿Hasta dónde el acompañamiento es una de las señas de identidad de nuestros procesos formativos? Quizá estemos perdiendo oportunidades de renovación al no entrar más a fondo en lo que representa este desafío. Encuentro más sensibilidad teórica que real para llevarlo adelante o para buscarlo.

La comunidad. Como es lógico, la visita general trae consigo un encuentro con cada comunidad escolapia. Es algo que no puede faltar. Y en todas las reuniones hablamos de nuestra vida comunitaria, de los desafíos que tenemos, de cómo podemos hacer las cosas mejor. Aparecen preguntas y pistas de avance. Sólo cito algunas: el desafío de la acogida de nuevos miembros en las comunidades, que llegan con nuevas sensibilidades y a veces se encuentran con el muro del “siempre se ha hecho así”; la importancia de la celebración comunitaria de la fe, especialmente de la Eucaristía, que en algunas comunidades no está garantizada, con diversas excusas; la capacidad que tenemos de que, en nuestras comunidades, podamos tener reuniones y dinámicas formativas; la capacidad que tienen nuestras comunidades de acoger jóvenes y acompañarles; el desafío de vivir la corresponsabilidad en la misión y no caer en el que cada uno se sienta dueño de ella sin contar con los demás; el avance progresivo en el modelo de presencia escolapia, que reubica nuestras comunidades en el conjunto de la realidad escolapia local; la experiencia de Provincia y de Orden que se vive y se recrea en cada comunidad; la vivencia de la pobreza y de la seriedad en nuestra vida económica, etc. Finalmente, creo que están claros los desafíos: cómo vivir la centralidad del Señor; cómo acompañarnos unos a otros y cómo nuestras comunidades se hacen alma de la misión.

El cuidado de la Pastoral Vocacional Escolapia. En todos los lugares hemos hablado de ella, porque veo una creciente sensibilidad hacia su impulso y desarrollo. Y la veo en dos direcciones: su diversidad, y su especificidad. La diversidad vocacional debe ser cuidada e impulsada, y la especificidad de la vocación religiosa y sacerdotal escolapia debe ser protegida y consolidada. Y todo ello desde la perspectiva del Reino de Dios y de la construcción de las Escuelas Pías, siempre desde la convicción expresada y sostenida por Calasanz: Se deduce asimismo la necesidad de ampliarla (la Orden) y propagarla según las necesidades, deseos e instancias de tantos. Lo cual no puede hacerse sin muchos obreros, y no es posible conseguirlos si no tienen gran espíritu y no son llamados con vocación particular[2]

Hay más temas que van saliendo a lo largo de la Visita General. No pretendo agotarlos todos. Sólo quiero haceros partícipes de algunos de ellos, para que podáis compartir las preocupaciones y esperanzas de los hermanos.

Recibid un abrazo fraterno.

 

Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

 

[1] Reglas Comunes de las Escuelas Pías, nº 228

[2] San José de CALASANZ. Memorial al cardenal Tonti.

 

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