Tuve la suerte, del 16 al 20 de noviembre de 2019, de visitar la primera misión de las «Suore Calasanziane» en Inongo, en el Congo.

Hace 10 años que las hermanas de la Beata Madre Celestina Donati están trabajando en Inongo en la República Democrática de Congo. Inongo está a un hora y treinta minutos de vuelo al noreste de Kinshasa, en la Provincia de Mai Ndombe (agua negra) con un lago de 130 kilómetros de largo y entre 16 y 32 kilómetros de anchura. Hay unos 800 kilómetros hasta Kinshasa. Se llamaba también el lago Leopoldo, rey de los Belgas. Inongo es una capital de provincia sin agua corriente, sin electricidad, sin una sola carretera asfaltada. La pista del aeropuerto de Inongo es en tierra. Hay dos vuelos por semana, los miércoles y sábados. Con las grandes piraguas que se llaman “baleinières”, se necesita una semana al menos para llegar a Kinshasa. Es un verdadero lugar de misión con muchos desafíos. La ciudad de Inongo tiene más 50.000 habitantes y solo dos parroquias, la de la catedral San Alberto y la de las Suore Calasanziane, San Juan Bautista. Según el obispo jesuita Donatien Maloko-Mana, su diócesis es la segunda más grande de Congo con más 100.000 kilómetros cuadrados y con muchas dificultades de acceso. Tiene solo 23 parroquias. Y en este tiempo de lluvias, muchas zonas son inaccesibles.

Las Suore Calasanziane tienen una escuela preescolar donde las dos hermanas congoleñas (Francine y Stéphanie) y sus seis aspirantes trabajan como maestras. Es una escuelita de un poco más de 100 alumnos. Allí los niños comen tres veces por semana. Los padres pagan una mensualidad de US$10 (menos de 10€). Algunos padres que no pueden pagar, lo hacen con un trabajo manual que les encarguen las hermanas. Después de 7 años, la escuela funciona muy bien a pesar de sus dificultades evidentes. Para gestionarla bien, hace falta un poco de creatividad desde lo poco que se paga. Y con maestras externas no se podría sostener.

Inongo me da la impresión cariñosa de los primeros tiempos de la misión en Congo. En muchos lugares como Inongo, los desafíos son todavía enormes. Allí el coraje y el espíritu misioneros tienen su sentido. Admiro a estas hermanas que hacen todo lo que es posible para llevar adelante la Buena Noticia del Evangelio de Cristo.

P. Pierre Diatta Sch. P.

Asistente General

 

 

 

 

 

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