Un día intenso y rico de trabajo con los jóvenes, abordando el Sínodo Escolapio de los Jóvenes y el Movimiento Calasanz y, en la última sesión, la realidad de la Provincia de Asia Pacífico.

La eucaristía de hoy la ha presidido el P. Provincial de África del Oeste Christian Ehemba. Durante la homilía, el P. Pierre Canisius Badji destacó el poder de la Palabra «que construye, reconforta, da vida» y que nos muestra el poder de Jesús para transformar a las personas. «Jesús es próximo, cercano, entra en relación con pobres y enfermos, con los que sufren, para ser fuente de vida», ha destacado el P. Badji.

En la primera sesión de la mañana, Guilherme, joven de Belo Horizonte, expuso el trabajo del Sínodo Escolapio de los Jóvenes convocado en el último sexenio. Guilherme destacó en su intervención la importancia del acompañamiento y del liderazgo para la promoción de unas Escuelas Pías cercanas a los jóvenes. “Debemos cambiar nuestros proyectos y métodos, para permitir que nuestros contextos escolapios dejen de ser lugares de paso para convertirse en lugares de destino”, explicó Guilherme.

Roland Márkus, de Hungría, explicó a partir de su experiencia personal el camino del Movimiento Calasanz en el contexto de la Orden y destacó la necesidad de impulsar la sinodalidad a través de la corresponsabilidad. “Necesitamos ser pastores en lugar de gestores”, expuso a la Asamblea. Entre las claves para impulsar el Movimiento Calasanz, Roland destacó el fortalecimiento del voluntariado y la profundización en la relación con Dios.

Los ecos en la asamblea reforzaron algunas claves como la importancia del acompañamiento, la escucha emocional “auscultando el corazón”. Los Padres Capitulares valoraron las aportaciones de los jóvenes. “Todos tenemos voz, pero no siempre un micrófono, vuestra contribución debe servir de palanca de cambio para la Orden”, destacaron en la Asamblea y reconocieron la necesidad de facilitar estructuras de participación para los jóvenes a través también de comunidades religiosas abiertas. Los jóvenes tenéis que ser voz, pero no ecos de lo que otros digan. “Necesitamos vuestro compromiso, vuestro discurso como fruto de vuestra reflexión”, compartieron en la Asamblea.

Por la tarde Jorge Ramírez (USA-Puerto Rico), Thomas Placide Mandona (África del Oeste), Katarzyna Barnás (Polonia), y Juan González (México) compartieron intuiciones acerca de su identidad escolapia. Placide explicó como “los niños nos quieren no por nuestro conocimiento, sino por nuestra compasión, por estar cerca de ellos”. Katarzyna incidió en la idea de impulsar la corresponsabilidad como medio para que los jóvenes participen, se involucren y puedan vivir la comunidad como un punto de referencia vital. Jorge, diácono actualmente en Nueva York, puso el acento en la necesidad de construir “procesos” más allá de proyectos puntuales descontextualizados, para lo que son necesarias diferentes actitudes como la acogida, la apertura al cambio o la formación continua, entre otras. Juan, de México, explicó en su intervención que el escolapio es el que acompaña “desde la más tierna infancia, implicándose con transparencia” y para ello propuso algunas pistas, reivindicando la deconstrucción del adultocentrismo, “para que el niño y el joven sean también nuestros maestros”.

La última sesión de la tarde estuvo dedicada a la misión en la Provincia de Asia Pacífico. Su P. Provincial Miguel Artola, expuso el trabajo llevado a cabo durante este último sexenio en el que se ha priorizado la promoción vocacional con comunidades en Japón, Vietnam y Filipinas.