Casi 200 chicos de 11 presencias escolapias de Polonia, de los colegios y de las parroquias, participaron en la Parafiada. Fueron 13 equipos de las ciudades de Bolesławiec, Bolszewo, Cracovia, Elbląg, Łapsze Niżne, Łowicz, Poznań, Rzeszów, Varsovia. El evento tuvo lugar en Cracovia los días 1-4 del puente de mayo, compuesto de las competiciones deportivas, las actividades culturales y los momentos formativos, según la tríada estadio – teatro – templo. La copa y el título de equipo más multilateral que desarrolló todas las dimensiones de la triada fue obtenida por el equipo del colegio de Poznań.

Los participantes iniciaron su competencia con un concurso de conocimiento. Este año versaba sobre los Juegos de la XXXII Olimpiada Tokio 2020. Tras este primer encuentro, continuaron los juegos deportivos en tres disciplinas deportivas: baloncesto, voleibol y fútbol. Como parte del atletismo, hubo una carrera de campo y un lanzamiento de pelota. Como parte formativa, los jóvenes escucharon una charla de Mateusz Łyczko, responsable laico de un grupo muy numeroso de monaguillos de la parroquia en Cracovia-Wieczysta. – La vida es como un partido -dijo-.

Nuestro entrenador es Jesús, que está con nosotros cuando ganamos y, al mismo tiempo, siempre nos acompaña cuando caemos. Un invitado especial fue el P. Roland Márkus, acompañado por Tamas Takacs, de la Provincia de Hungría que en su homilía de la Eucaristía al final de la Parafiada, justo después de la gala de galardones, nos habló de la mirada, es decir, de la necesidad de ver a los demás y no sólo a sí mismo, de mirar hacia adelante en su vida, hacia arriba, y hacia al cielo.

La gala de clausura corrió a cargo del P. Rafael Roszer, presidente de la Asociación Parafiada. Los ganadores recibieron sencillos premios en el concurso de conocimiento, así como medallas y copas por los puestos en el podio de la competición deportiva, muy importantes para los jugadores jóvenes. El premio Fair Play, una fotografía del equipo nacional polaco de saltos de esquí con el autógrafo de Dawid Kubacki, se entregó a Miłosz Bielecki de Elbląg, quien, durante un partido de fútbol, vio a su compañero herido del equipo contrario y corrió hacia el equipo de primeros auxilios para ayudarle, aunque el árbitro no interrumpió el partido.