El Sínodo de los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional sigue adelante, con una dinámica extraordinariamente rica en el compartir entre todos los padres sinodales y los jóvenes presentes en el aula.

Es bonito constatar los dinamismos que se van creando poco a poco:

  1. la alegría de todos los sinodales, incluido el sentido del humor de uno de los presidentes, el cardenal Sako, Patriarca de Babilonia de los Caldeos, que nos ha contado bastantes chistes (muy buenos, por cierto), mientras moderaba la asamblea;
  2. el tono juvenil que van teniendo todas las reuniones y que está ayudando mucho a la claridad y a la transparencia;
  3. los espacios de diálogo, favorecidos por los amplios momentos de “intervenciones libres”, en los que los sinodales podemos hacer eco de las breves ponencias que se escuchan en el aula. Baste un ejemplo: hoy ha habido 60 solicitudes de intervención para una hora disponible. Lógicamente, no nos ha dado tiempo a todos. Pero es un buen signo del interés por participar.
  4. la presencia constante del Papa, que recibe sugerencias y propuestas en muchos momentos de las reuniones;
  5. los diálogos (formales e informales) que se mantienen en los tiempos de descanso, que nos permiten hablar entre nosotros. Yo los aprovecho para hablar con personas cuya realidad es importante conocer para nosotros (por ejemplo, un obispo de Cambodia, uno de Myanmar o uno de Timor Leste).

Resalto tres intervenciones especialmente significativas. La primera de un joven irakí, las otras de dos padres sinodales:

  1. la extraordinaria experiencia de ser amigo y compañero de mártires, asesinados mientras se despedían en la puerta de la iglesia hasta el domingo siguiente. Un joven que ha sabido transmitir lo que significa vivir la fe sabiendo que esta fe te puede costar la vida. Sin duda, la más larga ovación, emocionante, del aula sinodal;
  2. el sentimiento personal tras una semana de Sínodo: la necesidad de conversión;
  3. la necesidad de contemplar la secularización no como algo siempre negativo u oscuro, sino como un dato de la realidad que nos desafía y que también es portador de oportunidades.

Van apareciendo con cierta claridad algunos temas de discernimiento:

  1. el acompañamiento, sus dinamismos y el perfil del auténtico acompañante;
  2. la centralidad de la Eucaristía;
  3. los procesos pastorales completos;
  4. todo lo relacionado con la educación;
  5. el tipo de Iglesia que necesitamos;
  6. la importancia de crecer en comunión con tantas comunidades cristianas sufrientes;
  7. la toma de conciencia de la gran cantidad de jóvenes que viven en situación de exclusión;
  8. la vida de oración y los sacramentos;
  9. la necesidad de comunidades acogedoras y misioneras…

Poco a poco vamos avanzando. Mañana empezamos una nueva sesión de trabajo en “círculos menores”, mientras nos preparamos para la canonización, entre otros, de los beatos Pablo VI y Monseñor Romero.

Pedro Aguado

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