El pasado 7 de mayo, más de 170 personas de las diferentes presencias de Emaús, disfrutaron de un día preparado con esmero y cariño.

El día de Emaús, de nuevo presencial, como en 2019, nos reunió y nos puso en sintonía para agradecer nuestra vida y misión escolapia.

Coincidiendo con los 300 años de la ubicación actual del colegio de Barbastro, y con los 325 de la llegada de los escolapios a Peralta de la Sal, pudimos hacer un recorrido, no sólo por la historia, sino también por la actualidad educativa y pastoral, y por cada uno de los proyectos de nuestra Presencia escolapia.

Volvimos a casa con una sensación de agradecimiento profundo. Una vez más, pudimos comprobar que nuestra presencia de Barbastro descansa sobre un equipo humano de calidad, que además de la categoría profesional, aporta un buen tono vocacional y un sentimiento escolapio profundo.

El lema del día “Más cerca de un sueño, cerqueta de un sueño, im fent, amestutakoa baino hurbilago”, nos ayudó a trabajar desde las claves sinodales, y avanzar en nuestro camino conjunto. Escolapios de todas las comunidades religiosas y de la Fraternidad, personas en misión compartida de nuestros colegios y presencias, compartimos los sueños y realidades con los que vamos construyendo la Comunidad Cristiana Escolapia, como en aquellas primeras comunidades cristianas del libro de los Hechos.

También pudimos inaugurar la exposición sobre la Presencia escolapia en Barbastro y Peralta en el museo diocesano, que os invitamos a visitar a los que no os fue posible acercaros. Estará abierta hasta el próximo domingo 29 de mayo. Aprovechamos para recordar  – ya lo hicimos allí- y agradecer a Juanan Frías el esfuerzo por hacerla realidad, deseando que pronto nos pueda acompañar a visitarla.

También nuestro agradecimiento a la comunidad de Peralta, y especialmente a Javier, por sus atenciones. Muchas personas, especialmente familias, llegamos a cenar y dormir el viernes y el sábado y nos sentimos – como siempre- muy bien cuidados. Comprobamos una vez más que sí, que la casa de Calasanz sigue siendo casa de acogida, a las familias ucranianas, como lo manifiestan los escritos en cirílico, pero también a todos y todas.