Creemos que es imprescindible para nuestros jóvenes del Movimiento Calasanz, de nuestras parroquias y colegios, para los que son voluntarios… ofrecerles algunas experiencias fundantes que hagan que la persona de un salto en su vivencia, en su comprensión, en su motivación y en su compromiso creyente.

Puede ser una peregrinación, un campo de voluntariado entre los más pobres, un retiro espiritual profundo, una pascua juvenil, un campamento, un mes en una misión escolapia de un país del Sur, un encuentro… Todos esos momentos, si están bien acompañados en el antes, el durante y el después, pueden ser ocasión de conversión o de discernimiento vocacional porque sabemos que estas experiencias afectan a todas las dimensiones de la persona.

Comienzan transformando la base más sensorial: olores, sabores, música, paisaje, arquitectura, contacto con personas… los sentidos se reeducan, él y la joven salen de la pantalla que esclaviza la vista y despiertan el resto de los sentidos para contactar con una realidad que se percibe nueva, y con una experiencia de Dios que entra también por los sentidos. ¡Cómo olvidar el sabor de una comida compartida con los más pobres! ¡Cómo quitarse de la cabeza aquella canción que cantamos juntos en el monte!

Después se reeduca la afectividad: aparecen nuevas relaciones que sacan al joven de sus atascos emocionales, se viven momentos de encuentro desde lo profundo que nos une y no desde la individualidad competitiva que nos separa. El joven queda vinculado desde el amor y no desde la necesidad de ser aceptado o reconocido. Aparecen emociones como la compasión verdadera, la amistad social, la cooperación, la autenticidad, la cercanía, la alegría verdadera. Y también, cómo no, una experiencia afectiva de la fe, un encuentro con Jesús emotivo y transformador, un enamorarse del amor.

También se aclara la conciencia de los valores y la comprensión del perder para ganar. Aparecen nuevos criterios desde los que interpretar la realidad de un modo crítico desde la razón. Aparece la necesidad de cuestionarse el cómo vivo y si me creo los valores que digo vivir, para comenzar a ver la necesidad de un proyecto de vida que dé verdadero sentido. Se ilumina la utopía, se frecuenta el futuro, se vive ya lo que se quiere para toda la humanidad. Los valores dejan de ser una ética farragosa y una ley impuesta desde fuera, y se convierten en algo encarnado que va forjando mi identidad más profunda.

Y, por último, desde una experiencia espiritual se plantean decisiones: lo vivido es real, no invención. Se han activado todas las funciones de mi yo, y soy más libre para tomar decisiones. La fe no se vive entonces como ideología sino como estilo de vida asumido en libertad. Ahora soy parte de un nosotros en el que puedo encontrarme a mí mismo cuanto más salgo de mí mismo y de mi interés. Descubro que la clave de la vida es la entrega, en clave no moralista sino existencial. Que vivo la vida como regalo, como don, y por tanto también yo la puedo regalar. Que vivo la fragilidad de un modo liberador, y no como obsesión perfeccionista. Que veo a Dios en todas las cosas.

Además de grupos de fe de referencia, necesitamos de estas experiencias significativas, provocadoras y atractivas para que él y la joven vayan haciendo camino de salida de sí como protagonista de una vida de entrega con confianza en Dios. Son experiencias que podemos construir en red, aprovechando estructuras, carismas, realidades de trabajo, espiritualidades… que la iglesia pone a nuestro alcance. Y sobre todo podemos aprovechar las redes escolapias que tenemos.

Mirando al verano de 2024, desde las Provincias de Betania, Catalunya y Emaús se ofrecen a los jóvenes muchas experiencias que seguro les harán avanzar en su proceso de seguimiento a Jesús y de discernimiento escolapio en este sentido.

Y para organizar una de ellas, responsables de pastoral de las tres Provincias nos juntamos en la Casa de Espiritualidad de Santa Teresa en Zaragoza el pasado 11 de abril.

Allí pensamos cómo ofrecer mejor a los jóvenes el Camino de Calasanz, una peregrinación por los lugares de Aragón y Catalunya por donde Calasanz vivió su infancia y juventud, y donde descubrió su vocación sacerdotal. Es una ruta que la Provincia de Catalunya lleva mucho tiempo desarrollando y que podemos aprovechar todas las Escuelas Pías.

Junto a estas experiencias destacamos también algunas organizadas de un modo interprovincial a nivel europeo, que involucran a los jóvenes de nuestros grupos y presencias en experiencias internacionales de hondo calado.

-Una de ellas, muy consolidada, es el PYM, o Piarist Youth Meeting, que este año se celebrará en Vác, Hungría, y que combina la cultura (teatro, música…) con el deporte (muchísimas modalidades) y la fe (reflexión, oración, celebración). Se esperan más de 500 participantes de todas nuestras Provincias europeas.

-Y también el Close tu Calasanz, una peregrinación por los lugares calasancios en Roma, para unos 18 participantes dispuestos a profundizar en su vocación escolapia y a participar en la red que formamos a nivel europeo el Movimiento Calasanz.

Agradecemos a cuantos organizan estas iniciativas que dan amplitud de sentido y horizonte a la pastoral del día a día con los jóvenes de las Escuelas Pías.

Más información en:

https://escolapiosbetaniaonline.org/

https://escolapia.cat/educacio/inscripcions-obertes-als-6-dies-diferents/

https://experienciasmc.itakaescolapios.org/