En tiempos de mucho trabajo y desafíos complejos, la Orden quiere ofrecer un espacio cuidado para volver a las fuentes, ordenar la misión y fortalecer la vida interior de los formadores que realizan la misión de acompañar a los candidatos a la vida religiosa y sacerdotal escolapia. Este itinerario quiere inspirar cambios personales, comunitarios y misioneros. Cambios que broten del corazón de cada formador y se expresen en un estilo formativo escolapio y calasancio.

Desde el día 01 de octubre se dieron cita en la casa de Montemario, Roma, un grupo de 11 religiosos escolapios para comenzar el segundo curso de formación calasancia de escolapios de este sexenio 2022-2027. Esta segunda promoción está compuesta por: Hno. Miguel Ángel Montejo González, P. Baltazar Santillán Muñoz, P. Jaime Medardo Caraguay Loarte, P. Michel Ambroise Diouf, P. Grzegorz Misiura, P. John Michael Dion Ocampo, P. Bonefasius Amadoren, P. Henri Mwanangulu Kawata, P. Dorgelais Zingbe, P. Jean Rouamba y P. Ferdinand Meya Mbegue.

Los objetivos del curso de formadores son:

  • Consolidar el modelo de gestión formativa del Escolapio que necesitamos.
  • Potenciar experiencias y decisiones formativas prioritarias hoy.
  • Comprender la Formación Permanente como proceso de crecimiento vocacional.
  • Inspirar cambios personales, comunitarios y misioneros desde el corazón de cada formador.
  • Cultivar una verdadera cultura de Orden capaz de responder creativamente a los desafíos del mundo actual.

Algunos ecos de los mismos formadores sobre los primeros quince días de este programa de formación. Esto nos ayuda a comprender la relevancia para ellos en este momento de trabajo. La Congregación General agradece a las demarcaciones por hacer lo posible en la demarcación para que los formadores puedan asistir estos tres meses de trabajo en Roma.

“Es un honor para mí participar en esta formación, cuyo objetivo es mejorar nuestros centros de formación subsanando varias deficiencias. Ofrece una oportunidad real de transformación. El principal reto sigue siendo la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos en un contexto que, en ocasiones, se resiste al cambio”.

“Puedo conocer a hermanos de diferentes países y orígenes. Esto me ayudará a aprender a vivir en una comunidad internacional. El material proporcionado también me aportará sin duda nueva información sobre la misión como formador. El mayor reto es la comunicación. Las limitaciones lingüísticas son un problema. Sin embargo, la comunicación sigue existiendo incluso cuando intentamos comprender lo que se está comunicando”.

“La Orden reconoce los desafíos propios de la Formación Inicial y, además, ofrece algunas pautas para afrontarlos. Todos, de alguna manera, somos conscientes de los muchos desafíos que existen en la actualidad. Debemos hacerlo con fe y esperanza; sin embargo, esto no ocurre de manera automática. En primer lugar, es necesario trabajar en nuestra propia persona y permitir que Dios actúe en nosotros.”

“Mi impresión desde el inicio de este curso: estoy muy agradecido a Dios y a la orden por esta oportunidad de formarme para ayudar a mis hermanos en formación. Hemos empezado bien el curso y estamos descubriendo la responsabilidad del formador y la importancia de una buena formación. El desafío más grande que tengo es aprender más y más a Calasanz el fundador y también conocer a la orden para poder después servir a mis hermanos en formación”.

“Este curso de formadores que estoy viviendo, siento que nos invita a profundizar en la identidad Calasancia y en el acompañamiento integral de nuestros jóvenes. Este proceso no es solo académico, sino un camino continuo de transformación humana, espiritual, afectiva y académica; que nos lleva a vivir nuestra misión en Jesucristo por medio de Calasanz en la misión de la educación de los más pobres. El desafío más grande es lograr integrar la dimensión afectiva y emocional en la formación, sabiendo que los jóvenes de hoy viven un contexto de fragilidad psicológica y afectiva que requieren de nuestra escucha atenta y acompañamiento cercano”.

“En un contexto de redescubrimiento y renovación de nuestras aptitudes como formadores, esta formación nos lleva no solo a comprendernos como criaturas de Dios Padre, sino también a superar nuestras fragilidades como seres humanos que deben comprenderse a sí mismos para comprender y aceptar a los demás. Este reto puede lograrse si aceptan abrirse y asumir su pasado y su presente”.

“Mi primera impresión del curso para formadores es la calidad de los módulos que se nos ofrecen y la sencillez con la que se imparten. El mayor reto es asimilar todos los conocimientos adquiridos y poner en práctica la formación recibida por el bien de nuestros hermanos más jóvenes”.

Agradecemos la valiosa presencia del P. Ángel Ayala en el curso de formadores sobre el «Conocimiento y transmisión de la persona del Fundador en la Formación Inicial». Estas clases se han enriquecido por la presencia y testimonio de vida de varios de nuestros hermanos escolapios mayores de la Provincia de Emaús quienes estuvieron en Roma, acompañados por el Padre Provincial Jesús Elizari.

El segundo módulo está dedicado a profundizar en la espiritualidad del formador y está coordinado por la Doctora Juliana Sarosi, docente de la Universidad Pontificia Gregoriana y Consultora del Papa León XIV para el dicasterio del clero.