Buenas tardes a todos ustedes. Gracias por haber compartido con nosotras la celebración de acción de gracias a Dios por la clausura de este centenario calasancio. De modo particular hoy, día especial para nosotras, porque honramos la memoria del nacimiento al cielo de nuestro venerado Padre Celestino Zini, escolapio, arzobispo de Siena y fundador. Nuestros corazones están colmados de gratitud hacia él y, sobre todo, alimentamos la esperanza de hacer brillar nuevamente el rico tesoro de su santidad, que ha permanecido oculto durante más de un siglo.

Después de haber celebrado en Siena el primer centenario de su muerte, en mayo de 1992, nos dimos cuenta de que no se podían separar dos almas que Dios había unido para siempre en la construcción del Reino de Dios.

Y así entonces, como hoy, toda la Familia Calasancia se encontraba reunida, el 23 de abril de 1994, cuando sus venerados restos fueron trasladados desde Siena a la Iglesia de la Adoración de nuestra Casa Madre, para que pudiera estar no solo cerca de la tumba de la Beata Madre Celestina, también fundadora, sino para que ambos pudieran estar juntos en el centro para siempre.

De hecho, Mons. Celestino Zini, en Siena, el 25 de mayo de 1889, un mes antes de la fundación de nosotras, las Hermanas Calasanziane, escribió la famosa carta que ya conocemos bien y que ha sido la fuente de inspiración para el logo de este período de nuestro centenario, titulado “Juntos en el Centro”.

Hijita en Jesús: Acepto con gusto el símbolo del círculo, en sustitución del triángulo. Por tanto, de ahora en adelante, nos entenderemos con solo decir: al centro. (Siena, 25 de mayo de 1889)

Estas dos almas buscaban encontrar el camino, el modo de permanecer juntas, es decir, unidas, aunque una estuviera en Siena y la otra en Florencia, para cumplir la voluntad de Dios: ser fundadores y guías de la nueva plantita calasancia que estaba aún por nacer: nosotras, las Hermanas Calasanziane.

Como entonces, también hoy estas dos almas se encuentran unidas por el Reino de Dios. En efecto, reunidos como estamos aquí, en esta Iglesia de la Adoración, todos tenemos la gracia de poder contemplar el misterio de la unión de dos almas también con nuestros propios ojos, porque precisamente aquí, en este presbiterio, su estar juntos en el centropermanece visible para siempre.

Gracias a Su Eminencia, el Cardenal Augusto Paolo Lojudice, arzobispo de Siena, por haber acogido nuestra invitación a presidir esta celebración de clausura de nuestro centenario. Su presencia aquí, en el día en que hacemos memoria de nuestro querido arzobispo de Siena, Celestino Zini, es muy significativa y representativa para todas nosotras, las Calasanziane, para los Padres Escolapios y para toda la Familia Calasancia. Nuestro más sincero agradecimiento.

Quisiera también agradecer a todos ustedes, miembros de la Familia Calasancia, por habernos acompañado en este centenario calasancio:

  • los Padres Escolapios;
  • los Padres Cavanis, de la Congregación de las Escuelas de Caridad;
  • las Hermanas Escolapias, del Instituto de las Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías;
  • las religiosas Calasancias, Hijas de la Divina Pastora;
  • las Hermanas de la Compañía de María, Instituto Provolo.

Agradecemos también la presencia de los niños y de algunos padres de nuestro Instituto San Giuseppe Calasanzio, de Via Cento Stelle, aquí en Florencia; la presencia de los niños, laicos y hermanas del Oasis Mamma Bella de Campi Salentina, del Oasis Celestina Donati y del Oasis Linda Penotti de Roma, y del Oasis Giulio Salvadori de Milán. Para nosotros, los calasancios, una celebración eucarística compartida con ustedes, niños, hermanas y laicos, se vuelve más bella y plena. Toda realidad calasancia que no tuviera a los niños en el centro nos privaría a todos del motivo por el cual somos calasancios.

Quisiera agradecerles a todos ustedes, amigos, hermanos y hermanas en Cristo Jesús, que hoy están aquí para compartir con nosotras esta celebración, y también a quienes probablemente no están físicamente aquí, pero seguramente están unidos espiritualmente, participando en línea con corazón calasancio.

Nosotras concluimos este centenario con la certeza de haber vivido un camino juntos en el centro. Y mi deseo es que este centenario nos haga estar juntos en el centro para siempre.

M. Marilia Evangelista Lima, Sch. P.

Hermanas Calasanziane