En la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, los escolapios confiaron su Provincia a su corazón. Dicha encomienda a la protección de la Virgen se realizó a nivel provincial y local. Todas las presencias escolapias, religiosos y laicos escolapios, grupos pastorales, tanto en escuelas y parroquias, celebraron la fiesta del dogma cristiano.
Como explicó el P. Provincial Mateusz Pindelski, en su carta circular: la devoción a María no es algo nuevo para nosotros, principalmente porque los religiosos hemos hecho nuestra profesión «a Dios Todopoderoso (…) bajo la protección de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios» (C 119) y la renovamos cada año según las Constituciones escritas por San José de Calasanz, haciendo voto de observar los consejos evangélicos «a Dios Todopoderoso (…) y a María, la Virgen Madre de Dios» (CC 31).
Nuestra confianza a la Madre de Dios es una «verdadera devoción» en su honor, a través de la cual expresamos nuestra gratitud a Dios por la Reina de las Escuelas Pías, quien, bajo su protección, hemos recibido de Dios el don de: el renacimiento de la Provincia, el don de la vocación de cada uno de nosotros, la misión entre los niños, los jóvenes y los pobres. Reparar a la Inmaculada por el insulto que le han hecho los pecados del mundo nos exige ayuno, oración y una ofrenda gozosa del trabajo de la vida cotidiana y reparación por el mal cometido.
La Provincia realizó un camino de preparación a la celebración de este día mariano en tres etapas: “Jesús y María” – del 13 de noviembre hasta 19 de noviembre; “María y la Iglesia” – desde el 20 de noviembre al 26 de noviembre; “María y nosotros” – del 27 de noviembre al 3 de diciembre.
Oración de nuestra preparación cotidiana:
Madre de Dios, María Inmaculada, Reina de las Escuelas Pías, como tus fieles servidores y, al mismo tiempo, como tus hijos más queridos te damos gracias por velar constantemente por nosotros, por guiarnos cada día, por cuidarnos tiernamente y por protegernos de todo mal. Madre nuestra, te suplicamos, concédenos que, como hijos espirituales de San José de Calasanz, Oh Inmaculada, con la ayuda de la gracia de nuestro Salvador Jesucristo, preparemos lo mejor que podamos nuestros corazones, mentes y almas para confiarnos a tu Inmaculado Corazón. Deseamos entregarnos a ti completamente y sin reservas, porque confiamos que nos conducirás directamente a los brazos de Jesús. Dios, Espíritu Santo, ¡ten piedad de nosotros!