Eran las 9 de la mañana del 27 de octubre de 2021 cuando comenzó la ceremonia de inauguración del edificio de la Escuela Infantil San José de Calasanz en Kisantu, precisamente en la localidad de Kikonka, en la Avenida de la Maternelle número siete, en la parroquia de Saint Pierre de Kikonka. La ceremonia comenzó con un discurso del diácono Gustave Munduyu, quien en su intervención agradeció a todos los que contribuyeron a la construcción del edificio, entre otros, el padre Pedro Aguado, la Fundación Itaka y muchos otros.

«Todo se juega antes de los 6 años», la marcha, el lenguaje, la propiedad, la socialización, la creatividad, el conocimiento de sí mismo, la confianza en sí mismo. Nada está definitivamente decidido antes del final de la infancia.  Una cosa es cierta: el niño se hace “grande” cada vez más joven, hasta el punto de que puede hacer (casi) todo antes de los 6 años. Más despierto, más móvil, más maduro emocionalmente, más nutrido intelectualmente. Embriagado en todo momento por la era digital en la que nació y evoluciona. Una ceremonia rica en colores, en la que algunas personas expresaron su opinión, como el P. Félicien, superior del vicariato del Congo, que en su entrevista explicó su colaboración con el Padre General y también la urgencia de la presencia escolapia en Kikonka. El Padre General Pedro Aguado, en su entrevista, explica la elección de los niños según la misión escolapia.

Nuestra Escuela Infantil es, por tanto, un ciclo propio que da más espacio al descubrimiento, la manipulación y el desarrollo de los sentidos, el cuerpo y el lenguaje. Profesores formados con aulas bien equipadas. «A los tres años y medio, los niños necesitan jugar, no podemos pedirles que se sienten en sus sillas durante seis horas al día”.

Las escuelas infantiles son una de las instituciones más importantes de cada República. Sin ellos, los valores fundacionales del país, Libertad, Igualdad, Fraternidad, pero también Laicismo e Igualdad de Oportunidades serían una utopía. La presencia de este honor resuena también para nosotros como la posibilidad de aportar un fuerte signo de reconocimiento a la población de Kikonka, a la escuela pública que, como a muchos de vosotros, nos permitió crecer, florecer y convertirnos en ciudadanos abiertos al mundo.

Diácono Gustave Munduyu Sch. P.