¡Que no se apague la historia!
José P. Burgués
Historiador General
Hace unos cuantos años había entre nosotros una especie de consigna: “Memoria y Profecía”. Adivinar – y construir – el futuro, pero sin olvidarnos del pasado. Nuestra identidad está formada por lo que somos, lo que queremos ser, y lo que hemos sido. Todo unido y articulado. No quiero repetir viejos tópicos acerca de la historia, conocidos de todos, pero sí me gustaría compartir algunas reflexiones que, como historiador, me voy haciendo.
En primer lugar, yo no tengo vocación de historiador. Tengo vocación de escolapio, y durante casi cincuenta años he ido a donde me han mandado, y he hecho lo que me han pedido y he podido. Solo desde mi llegada providencial a Roma, hace algo más de diez años, me dedico casi en exclusiva a la historia de las Escuelas Pías. Ciertamente, ya había hecho otros “pinitos” antes, pero los entendía como parte de mi labor principal. En cambio, primero en Roma y desde hace algo más de dos años en Zaragoza, mi trabajo (en esto no hay jubilación) consiste en revivir personajes, hechos, situaciones que fueron marcando, configurando el ser de la Orden, y ahora de mi Provincia.
Y os puedo asegurar que disfruto con lo que hago. Estoy haciendo amistad con no pocos de los cientos de escolapios que voy descubriendo, que me presentan los documentos. Voy viendo con más claridad algunos trechos del camino que desde Calasanz llega a nosotros. Un camino de acusada continuidad, en el intento de la Orden de ir acomodándose a las necesidades nuevas de los tiempos, siempre con el deseo de servir a los niños y jóvenes, en especial a los más necesitados. No puedo cambiar los hechos, ni revivirlos físicamente, pero me gusta soñarme a mí mismo en no pocos de los acontecimientos que ocurrieron en otros tiempos, con gran gozo de quienes los vivieron. Y a veces sueño también que entablo diálogos imaginarios con algunos escolapios que me van resultando más familiares, y que ya hace tiempo que nos dejaron (el P. Basilio Sancho, el P. Benito Feliu, el P. Vicente Tomek, el P. Valentín Aísa…). Yo no tengo gran cosa que decirles, pero aprendo mucho de lo que ellos me cuentan. Y, sobre todo, disfruto con su compañía.
Comprendo muy bien que la mayoría de los escolapios (religiosos y laicos) estén preocupados por la pedagogía, por la espiritualidad, por la pastoral… Pero creo que necesitamos también que algunos se ocupen de la historia. Que es, en parte, contar la evolución de la pedagogía, de la espiritualidad, de la pastoral… Hacer historia es, así lo entiendo yo, otra manera de servir a las Escuelas Pías. Todos no estamos llamados, desde luego, a escribirla y contarla, pero todos deberíamos estar interesados en conocer cada vez mejor la historia de nuestros padres, de nuestras casas y demarcaciones. Y cuanto mejor conocemos nuestra historia, más se consolida nuestra identidad. El “espíritu”, “mentalidad” o “cultura” de Orden necesita, entre otras cosas, de una buena base histórica.
Puede que no sean los más jóvenes, apasionados por la acción, los que más se interesen por la historia, pero cuando llegamos a una edad en la que aspiramos a un poco más de calma, es, quizás, el momento de que veamos la posibilidad de inclinarnos hacia la historia, primero para conocerla y luego, si tenemos la oportunidad, para investigarla y construirla. Y contarla. Repito que yo no tengo vocación de historiador, pero las circunstancias me han dado la oportunidad de llegar a serlo, y de disfrutar enormemente con este servicio que sigo prestando a la Orden. Ánimo, y a ello.
