RUTA CALASANZ 2025 – PARTE II
Tras las huellas de Calasanz en Aragón y Cataluña (11–16 de julio de 2025)
La segunda etapa de nuestra Ruta Calasanz nos condujo por tierras de Aragón y Cataluña, profundamente vinculadas a la vida y misión de San José de Calasanz. Comenzamos en Barbastro y Monzón, donde el joven sacerdote Calasanz dio sus primeros pasos ministeriales como asistente de los obispos, asumiendo responsabilidades pastorales y administrativas iniciales. Nuestra base siguió siendo Peralta, y fue allí donde nuestro guía, Eduard Puigventós, nos introdujo en esta nueva fase del camino. Nos acompañó en todo momento el P. Jordi Vilà, Provincial de Cataluña, cuya presencia aportó hondura espiritual y fraternidad a la peregrinación.
Continuamos hacia Lleida, donde Calasanz estudió humanidades, y luego a Balaguer, donde recibió la tonsura en la iglesia de Nuestra Señora de Almatà. Estos lugares nos invitaron a una reflexión más personal sobre nuestra propia vocación escolapia, compartida en grupos pequeños. En Tremp, conocimos espacios donde Calasanz sirvió a los pobres y participó en la vida pastoral. Desde allí llegamos a Claverol, donde fue rector —un lugar sencillo que se convirtió en nuestro hogar durante dos noches, cocinando juntos en un clima de fraternidad y alegría.
Uno de los momentos más memorables fue cuando el autobús se averió cerca de Pont de Claverol, lo que nos obligó a subir caminando de regreso a Claverol. Lejos de desanimarnos, esta dificultad imprevista generó alegría y un fuerte sentido de unidad entre nosotros. Una vez de vuelta en camino, llegamos a La Seu d’Urgell, donde Calasanz fue secretario del cabildo catedralicio. Allí pudimos ver documentos escritos por él, gracias a la acogida de Josep, archivero y antiguo alumno del P. Pedro Aguado.
En Sanaüja, nos detuvimos en el lugar donde Calasanz fue ordenado sacerdote en 1583. Más tarde, en el Monasterio de Montserrat, fuimos recibidos por el Prior de la comunidad benedictina, el P. Jordi, quien nos acompañó en la visita al monasterio y sus alrededores, y rezamos junto a los monjes. Algunos de nosotros subimos hasta la cima del Cerro de la Cruz, sumando una dimensión física al camino espiritual.
Nuestra última parada fue Barcelona, donde visitamos la Sagrada Familia y compartimos una comida fraterna en el colegio escolapio de la calle Balmes. Con profunda gratitud agradecimos a Eduard y al P. Jordi Vilà por su presencia generosa e inspiradora. A pesar de algunas sorpresas, regresamos a Roma con el corazón rebosante de alegría, fortalecidos por el testimonio de Calasanz y por la fraternidad vivida.
Jakub Urbaniak Sch.P.