Ongietorriak, bienvenidos y bienvenidas a Iruña, Euskaldunon Kingdom hiriburua, Pamplona, en especial a este colegio de la Rotxapea. Algunos llegáis por primera vez a la ciudad, y muchos   por primera vez a este barrio y a este colegio.  Disfrutad, porque   es también el barrio al que llega la “renfe” – y algo tuvo que ver con el nacimiento de este colegio, y también el barrio que mejor inunda nuestro río Arga, que cruza el logo de nuestros 125 años.  Hace quince años llegamos también los escolapios a hacernos responsables del colegio, pero éramos ya muchos los que habíamos pasado por aquí, para llegar después al Calasanz, al centro de la ciudad. Fue bonito, siempre, que muchos de la Rotxapea, de estos barrios, tuviéramos sitio en aquél, y fue aún más hermoso que “bajáramos” – como decimos aquí, “subir” y “bajar” – a educar aquí. Ya estábamos juntos, pero ahora más. Como dejó escrito nuestro querido hermano de Antonio Lezaun, Jesús, cura en el barrio: “llegan los escolapios al colegio, las compasionistas les dejan el listón muy alto; pero es lo mejor que le ha podido pasar ahora al colegio”

Estáis en la Rotxapea, un barrio de huertas, hortelanas y hortelanos, y años más tarde de trabajadores, de iniciativas sociales, de muchos conflictos laborales. Matesa – aún salió el “caso Matesa” en “Cuéntame” – erigió su fábrica con torre y reloj – ahora conservada como modelo arquitectónico de industria – junto a la torre de la parroquia el Salvador (que ha mantenido hasta hace poco también las escuelas del Ave María, importadas por el párroco que da nombre a la calle, de las más largas de la ciudad “Marcelo Celayeta “).    Las dos  torres miran al barrio y a la muralla, pero pronto este La Compasión se enseñoreó sobre el barrio, sobre casas de campo y primeras cooperativas de viviendas, sobre todo como colegio del barrio, colegio de chicas muchos años, en donde los chicos podíamos pasar los tres primeros cursos; Hacíamos la primera comunión, y a buscar colegio para continuar; a muchos nos recibían en el Calasanz, pasando con siete años el primer gran examen de nuestra vida, fijaos que a mí  me preguntaron  “los mandamientos de la santa madre Iglesia”,… además, claro, de leer, multiplicar    y cosas así.

Bueno, pero como sabéis la historia de Pamplona con los escolapios comienza antes… y este año hacemos 125… nada en comparación con algunos que estáis aquí, pero bueno para la ciudad, bastante. Era 1894.

Los escolapios de Aragón llegaron al Paseo Sarasate, un viejo caserón, llamados por el Obispo; así iban llegando los escolapios, sobre todo a pueblos más pequeños, por eso estaban ya antes en Vera de Bidasoa, Estella y Tafalla. Guardamos crónicas de aquellos años, las veladas literarias, las celebraciones religiosas, las enseñanzas de comercio, taquigrafía, idiomas, para dar buenos oficios a los chicos… Había ya revistas de aquellos tiempos.

Cuarenta años pasan allí y en el año 1933 inauguran el colegio nuevo, recordaban algunos alumnos que llevaron los pupitres ellos mismos de un colegio a otro. En éste también dejados los locales para iniciar la primera ikastola de Iruña, solo tres años, vino lo que vino…y escolapios que acompañaban celebraciones etc.  Deseos siempre, desde el nacimiento de la Provincia de Vasconia, de acompañar y servir a la cultura; y no fácil encajar el euskera en ofertas escolares; bueno esta tierra es especial en cosas.

Colegio nuevo, con una planta entera para internos, iglesia, salón de actos. La escuela escolapia, la de siempre, que va dando vida a los chavales y a la ciudad, teatros, misas de los domingos para todos, cine, procesiones. También nombres de escolapios, muchos, como nos gusta decir anónimos y sencillos, dieron todo lo que sabían y podían. Algunos quedan en el recuerdo como personas cultas, literarias o científicas que contagiaron el deseo de seguir en esos campos a muchos alumnos; están los datos recogidos en nuestras memorias escolares; siempre un recuerdo el Padre Joaquín, pedagogo de niños, poeta, bueno… santo para todos.

Junto con las tareas escolares, las asociaciones religiosas de la época, los directores espirituales, precursores algunos de ellos de lo que luego los colegios iban a copiar, ejercicios espirituales adaptados, nuestras convivencias, y el tiempo libre por medio del escultismo que Heliodoro Latasa, ahora en Tafalla después de

La Rotxapea, el barrio que mejor inunda nuestro río Arga, que cruza el logo de nuestros 125 años unos años de intensa misión en Chile, fundó, haciendo la competencia a las organizaciones del gobierno; guardamos con cariño dos libros de memorias de la época.  Salidas, excursiones, montaña, grupo, compromiso… continuado en los ochenta en los grupos de Mikel Gurea y los procesos que desde entonces completan la actividad pastoral del Colegio. Y mientras, los escolapios, religiosos, cambiando el colegio, su tono al ritmo de los tiempos, no siempre fácil, entrar en nuevas épocas, donde los curas más jóvenes iban introduciendo siempre   – y en todo tiempo ha pasado lo mismo – el ritmo de nuevas maneras pedagógicas, pastorales, de relación educativa, y de filosofía, al final, de nuestra vida y misión escolapias.

Pamplona acoge en los ochenta a los religiosos escolapios en formación (Pedro que está aquí, algunos de nosotros más tarde, Juan Carlos, Jesús… y muchos de nuestros hermanos que andan por tierras misioneras), todo ello influye profundamente en el tono del colegio, en la riqueza pastoral de grupos, comunidades, primero de jóvenes, y lo que es, ahora, Lurberri y la Fraternidad.

Algunos vamos al Casco Viejo a vivir y a  trabajar en las parroquias  – un ambiente de pobreza   “autóctona”,   de exclusión social… herencia de tantos años, de la época de la droga en los barrios,  y en éste en especial   ( “casco viejo, lugar de fiesta y subversión”, era el libro de la  época )… – fundamos con los jóvenes de Lurberri   – por aquí están muchos de ellos -, Aldezar, con un gran compromiso y apoyo de los servicios sociales   – nos  concedieron hasta  tres liberados, y uno más era pagado con el dinero que poníamos entre todos,  los inicios del diezmo comunitario -. Vida intensa, apoyo escolar diario, tiempo libre los sábados, campamentos, buena relación con el mundo gitano, los primeros emigrantes… ¡cuántos nombres queridos que nos dieron vida y les dimos la nuestra también! – qué  bueno también cuando algunos y algunas han querido seguir con nosotros en nuestros colegios, como madres y padres, porque se sintieron así con nosotros.    También las parroquias, catequesis, misa de los domingos en Dominicas, hasta misa de gallo como debe ser a las 12h de la noche.

De todo aquello, mucho continúa en Ikaskide, nuestro trabajo en el Casco Viejo por medio de Itaka-Escolapios; y de otras historias nos quedan muchos nombres, importantes y presentes en la vida escolapia (me gustan siempre los nombres de Jon y Montse, qué regalos). Y una comunidad de escolapios en el Casco Viejo, por donde han pasado todos los jóvenes escolapios actuales. Toda una aventura que nos daría para mucho más.

Y además en aquellos años, nuestra oferta escolapia a Cáritas para fundar el Proyecto Hombre, aprobado en el Capítulo. Alberto, Iñaki… varios escolapios, y todos los que vivíamos con ellos compartiendo tanta vida que nos supuso también; acoger en la comunidad, tejer lazos, acompañar historias… vida, muchísima vida.

Y en el 2002 una noticia en la prensa sobre la Compasión; Antonio llama a Mertxe, dando por supuesto que estaba todo realizado… y nos dice que “no hay nada hecho”; pues los dos a pasar las tardes de los domingos en el “Mesón de Egües” (comentarios simpáticos en las notas). En junio de 2003 damos la noticia, con emoción de muchos, en los claustros.

Esta es nuestra historia, ahora dos comunidades de religiosos, en el Calasanz (muchos mayores, enfermos, venidos de rincones del mundo, recientemente dos de Japón Filipinas, todos entregados en la vida y misión escolapia) y en el Casco Viejo. Los dos colegios, la guardería en Mendillorri, Itaka Escolapios, el Movimiento Calasanz, los grupos desde Tipi Tapa, en primero de primaria, la Escuela de monitores, el trabajo por el Sur, tanta vida que nos ha dado Brasil y Bolivia, más de veinticinco de los nuestros con dos y tres años de presencia allí, las últimas retornadas, Idoia y María y ahora Julen en Anzaldo. La Fraternidad con ocho comunidades, la relación con Tafalla, donde varios de aquí os entregáis también. La Misa de Ocho, campamentos y Belagua, Irañeta, Txamantxoia. Las convivencias, las comuniones, seis días en octubre, sembrando la fe en los chavales, y a ver, en las familias. Los jóvenes del catecumenado de Lurberri, en esas edades que también tanto dan siendo, a la vez, monitores de pequeños y adolescentes

Los retos, siempre los retos y caminos nuevos… para la vida en profundidad como cristianos en comunidades, con el carisma escolapio, con las ganas de convocar a más y compartir con amplitud en la Comunidad Cristiana Escolapia. Los retos de los colegios… ofrecer el tesoro escolapio, pero también atentos, ¡tanto marketing!, a qué buscan y qué damos; las innovaciones, las nuevas pedagogías, pero el trato, la relación, el cuidado, el corazón, el evangelio, la fe. Y la sociedad, a la que queremos responder … ministros, ocho de pastoral, también dos de transformación social, de educación cristiana ¡si gozáis de la ternura de las visualizaciones y oración bajo las estrellas en Belagua!

Y todos, los que os recibimos y los que venís, en esta buena historia que compartimos en la vida escolapia. Para que vengáis cuando queráis porque hay más que contar y mucho que celebrar… e inventar juntos para el futuro.

Juan Ruiz, coordinador de la presencia de Pamplona-Iruña