Celebramos la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios en un niño pobre, en las afueras de Belén. Sin duda alguna, la Navidad es un anuncio absolutamente sorprendente, inesperado: Dios se hace uno de nosotros, comparte nuestra condición, y lleva a plenitud nuestra vida; en Jesús, todos somos hijos de Dios (Jn 1, 12).
En un mundo como el nuestro, tan necesitado de buenas noticias, los cristianos somos portadores de la mejor de todas: Dios ha acampado entre nosotros, camina con nosotros, está con nosotros.
Por eso, celebramos con profunda alegría el canto de la noche de Navidad: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra”. Sí; el niño que nace es el “príncipe de la paz” (Is9, 6).
Celebremos a este niño en nuestras familias, en nuestras casas, en nuestras escuelas. Acojámoslo en nuestras comunidades, anunciémoslo en nuestros grupos y procesos. Escuchemos el mensaje de la paz en medio de las dificultades de tantos pueblos en los que este deseo parece inalcanzable. A él, que es el príncipe de la paz, pidámosle que nos haga capaces de construirla con él. Hagamos de nuestras Escuelas Pías un espacio lleno de la alegría de estos días. Construyamos una Iglesia que pueda anunciar de modo creíble el mensaje de la Navidad. Y, por encima de todo, adoremos a este niño desde el fondo de nuestro corazón, reconociendo en su pequeñez la bondad de Dios, su presencia en medio de nosotros.
Os deseamos todo lo mejor en esta celebración de la Navidad.
¡FELIZ NAVIDAD!
La Congregación General de la Orden de las Escuelas Pías