El colegio e iglesia de las Escuelas Pías de Valencia, fundado por los escolapios en el siglo XVIII, cumple diversas funciones culturales, como la educación y la realización de eventos. La iglesia cuenta con una cúpula destacada, la más grande de su tipo en España, que presentaba problemas estructurales importantes, lo cual motivó una restauración integral iniciada en 2021. Dicha restauración incluyó estudios geofísicos, la colocación de andamios y la recuperación cuidadosa de azulejos y elementos estructurales. Se emplearon metodologías innovadoras, tales como el escaneado láser en 3D y la artesanía tradicional. El recinto también ofrece visitas guiadas, conciertos y un museo que exhibe obras de arte y objetos históricos de gran relevancia, poniendo de relieve su rico patrimonio cultural.

Palabras clave: Escuelas Pías, cúpula, obra, metodología

Valor y relevancia del monumento

En 1597, San José de Calasanz fundó la primera escuela pública en Roma, pues solo las clases acomodadas tenían acceso a la educación, y la llamó “Escuela Pía”. La orden conocida como los escolapios llegó a Valencia en 1737, donde iniciaron la construcción de la escuela en 1739 y la terminaron en 1747. En 1767, comenzaron las obras de la iglesia siguiendo los planos elaborados por el maestro de obras José Puchol. El promotor de las obras, el arzobispo Andrés Mayoral, deseaba un diseño que destacase frente al estilo arquitectónico valenciano tradicional, y por ello envió al arquitecto a visitar la iglesia de las monjas bernardas en Alcalá (Madrid). En la actualidad, más de un millar de estudiantes y sus profesores son los habitantes diarios de este Bien de Interés Cultural.

El colegio y la iglesia de las Escuelas Pías se sitúan en el histórico barrio de Velluters, y están integrados en el Plan Especial de Protección de Ciutat Vella, ocupando casi toda la manzana rectangular, salvo la esquina oriental. La escuela es de planta rectangular, y en su extremo oriental se ubica la iglesia; está delimitada por la fachada principal con el campanario (al sur), dos crujías del claustro escolar (al oeste), un callejón (al norte), y edificios residenciales y un patio (al este). La cúpula de esta iglesia es un hito del barrio de Velluters, un lugar muy relevante en el siglo XVIII por la existencia de numerosos talleres de seda, de ahí su denominación de “Sederos”. Además, la iglesia es la sede religiosa del gremio de carpinteros, y tradicionalmente se celebraba en ella la Misa de Fallas (Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad) el día de San José, patrón de los carpinteros.

La iglesia fue inicialmente concebida y supervisada por José Puchol hasta que fue reemplazado por Antonio Gilabert en 1768, quien también revisó el proyecto. No obstante, la construcción se interrumpió en 1769 debido al fallecimiento de Mayoral y a la falta de recursos económicos. Tras varios retrasos causados por la escasez de financiación, la iglesia se terminó finalmente en enero de 1771 y fue consagrada en 1773. La disposición interior es de planta circular, con diez exedras ubicadas entre pilares trapezoidales de 3 metros de espesor, que permiten el emplazamiento de dos accesos, la capilla mayor y las otras siete capillas. Además, una de estas capillas da acceso al espacio entre la fachada principal y la estructura de la iglesia, donde se encuentra la escalera que conduce a los niveles superiores y al campanario. El muro que circunda la iglesia tiene un grosor aproximado de 50 cm.

En el segundo nivel hay espacios entre los contrafuertes y una galería con barandilla, que sirve como tribuna para el coro y otros usos. El tercer nivel comienza en la cornisa superior, a 21 metros de altura, donde se ubican las hornacinas de los diez apóstoles y las ventanas que forman el tambor. El nivel siguiente corresponde a la cúpula, cuyo diámetro de 24,5 metros y casi 1000 metros cuadrados de superficie la convierten en la cúpula con teja azul de mayor tamaño, incluida en el prestigioso conjunto de grandes cúpulas europeas. En cuanto a sus dimensiones interiores, es la segunda cúpula más grande de España, solo superada por la de San Francisco el Grande en Madrid, diseñada por el valenciano Francisco Cabezas.

La arquitectura clasicista de esta iglesia de planta central presenta destacados paralelismos compositivos con el Panteón de Agripa y la Minerva Médica, ambos en Roma, debido a la doble coincidencia entre la magnitud del diámetro y la articulación en diez exedras, que sostienen el espacio abovedado. La construcción de esta “Rotonda” encarna la materialización arquitectónica de los ideales académicos en el último tercio del siglo XVIII, culminando el camino iniciado por el círculo ilustrado de Tomás Vicente Tosca. Asimismo, constituye uno de los hitos en la historia de la mampostería, pues el propio Rafael Guastavino la menciona en su libro Essay on the Theory and History of Cohesive Construction, applied especially to the Timbrel Vault (1893).

Contexto en el que se llevó a cabo la intervención; estado de conservación y uso antes del inicio de la obra, y resultados alcanzados

El deficiente estado de la cubierta de la cúpula y la presencia de grietas en cuatro de los diez sectores justificaron la redacción del Plan Director por parte del estudio de Rafa Soler en la década de 1990. Sin embargo, las únicas actuaciones se centraron en las fachadas, pues el elevado coste y la complejidad de intervenir en la cúpula azul más grande de España pospusieron la intervención.

En 2016 se completó el proyecto básico y, para 2021, tras la redacción de los planos de la restauración integral de la iglesia por parte de Luis Cortés (Universitat Politècnica de València), se obtuvieron fondos para la restauración de la cúpula mediante el ‘Ministerio de Fomento’ en los Presupuestos Generales del Estado de 2022.

La cúpula presentaba cuatro grandes fisuras en la calota que se propagaban desde el interior al exterior, además de grietas en el tambor; asimismo, dos aristas de la cubierta se habían desplazado, lo que permitía la filtración de agua al interior. El recubrimiento de teja se hallaba en muy mal estado de conservación, con infiltraciones de agua que provocaban humedades, sales y pérdida de revocos, entre otros problemas. En el exterior, se observaban numerosas tejas rotas, presencia de vegetación, tejas ausentes y piezas con pérdida de esmalte. Por otra parte, la linterna tenía sus vanos obturados con rasilla hueca y pintura impermeable de color rojo.

Metodología de trabajo

Antes de comenzar la obra y de manera paralela a la redacción del proyecto, se llevaron a cabo diversos estudios para determinar el origen de las grietas. Se realizó un experimento empleando una maqueta de cúpula diseñada por Manuel Fortea, con el fin de analizar roturas en las cúpulas y el colapso del modelo. Asimismo, se construyó una maqueta a escala 1:1 para ensayar las grietas, junto con morteros que formarían parte de la obra y el sistema de colocación de las tejas. Además, se efectuó un estudio con cámara térmica en colaboración con Jaume Coll (Director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí) para investigar la patología de las tejas azules.

Estado de la cúpula antes de la intervención.

El criterio y el enfoque de intervención del proyecto buscaban respetar la materialidad del monumento, asumiendo que el propio edificio es el maestro. Por ello, se realizaron diversos estudios y ensayos para comprender la patología estructural y la composición constructiva. Este proyecto no se centró en la reconstrucción de la cubierta de teja, sino, tal como diría Le Corbusier, en la restauración de la “quinta fachada” de esta iglesia singular. Al tratarse de una cúpula, su relevancia es aún mayor, puesto que se trata del elemento más representativo de la arquitectura histórica valenciana, siendo la más grande de su clase y parte del prestigioso grupo de grandes cúpulas europeas.

El estudio del proyecto comenzó con un análisis detallado del andamiaje —un año de trabajo— y su disposición, puesto que no podía apoyarse en la cúpula debido a las grandes grietas existentes. Fue necesario salvar una luz de 31 metros, lo que requirió una estructura de 75 toneladas, apoyada íntegramente en el tambor, que también presentaba grietas.

Dado que la cúpula presentaba grietas, tras estudiar distintas mezclas en función de su fluidez, se rellenaron con lechada de cal y, en algunos casos, con una pequeña proporción de arena. La cúpula reparada nunca se comportará exactamente como el primer día, pero es fundamental garantizar un contacto permanente en todas sus partes para asegurar su comportamiento tridimensional. Del mismo modo, en la zona de las grietas, y para mejorar su resistencia frente a sismos o movimientos, se reforzaron en el exterior las bandas de las 4 grietas y las 10 nervaduras con una capa de 2 cm de mortero tradicional de cal y malla de fibra de basalto. Esta composición se ensayó en una maqueta a escala 1:1 en la obra y se comparó con otros morteros industriales, alcanzando un coeficiente de adherencia de 0,6 kp/cm², superior al de otras marcas internacionales de renombre.

La cúpula cubre una superficie de aproximadamente 1.000 m², lo que equivale a unas 32.000 tejas: la mitad (16.000) son tejas de canal (las denominadas “de río”) y la otra mitad, tejas cobija (azules). De ellas, 7.000, es decir, un 44 %, tuvieron que ser reemplazadas. Se realizó un estudio cromático que reveló hasta cuatro tipos distintos de tejas, cada uno con su propio tono de azul. Para la restauración, las tejas fueron elaboradas de manera artesanal para reproducir esos cuatro tonos diferentes de azul y se colocaron por personal especializado siguiendo métodos tradicionales. El mortero empleado fue un mortero tradicional de cal. Para preservar la originalidad de la intervención, las tejas con faltas de esmalte se retocaron con un vidriado del mismo color, proceso efectuado por un restaurador especializado.

Se ha instalado un sistema de monitorización en los cuatro puntos cardinales para evaluar las características térmicas y el comportamiento de la cúpula, con sensores que miden la temperatura, la humedad relativa y los niveles de CO₂ tanto en el interior como en el exterior, así como distanciómetros láser para controlar posibles inclinaciones o asentamientos.

Uno de los aspectos más destacables ha sido la reapertura de los vanos de la linterna y la recuperación del color original de la misma mediante una veladura de cal, tal como era en el siglo XVIII.

En el interior, la linterna ha recuperado su iluminación natural y se ha restaurado la decoración original, que presenta un diseño de círculos entrelazados con flores centrales. Esta decoración es similar a la que Gilabert proyectó en la reforma neoclásica de la Catedral de Valencia.

Con el fin de comprender por completo este elemento constructivo, se ha recurrido a un estudio geofísico (ensayos no destructivos) para ubicar los anillos metálicos mencionados por Zacarés en el siglo XIX en el interior de la cúpula, a los que también hace referencia Guastavino, estableciendo así la hipótesis constructiva más precisa para esta cúpula. Asimismo, se han llevado a cabo levantamientos con Láser Escáner 3D (TLS) para generar un registro integral del monumento durante las fases del proyecto (antes, durante y después) con miras a su futura conservación a través de HBIM.

Nuevos usos, gestión y mantenimiento. Aspectos innovadores de la intervención.

El uso de esta iglesia es variado, aunque siempre con un enfoque cultural; conserva su función eucarística, además de servir como sala de actos del colegio. También, gracias a su acústica y a la espectacularidad de su arquitectura, se celebran conciertos, y cumple una función museística al albergar en la galería la exposición EscolaPiart, una colección de obras del colegio con piezas de artistas como Segrelles, Pinazo y Benlliure, así como un cuadro atribuido a Goya. Asimismo, se exponen libros de gran relevancia, entre ellos un incunable de Nebrija (siglo XV) y la primera historia de Valencia escrita en valenciano del siglo XVI, además de una colección de ornamentos y vestiduras litúrgicas del siglo XVI.

En la escalera que conduce a la galería se ubica el museo de la obra, donde se exponen piezas cerámicas originales, imágenes y maquetas que permiten comprender mejor la construcción y restauración de la cúpula 250 años después de su ejecución.

La intervención ha contado con una financiación total y directa del Gobierno de España, sin necesidad de recurrir a otras subvenciones.

Existe un equipo que gestiona el patrimonio y las intervenciones a realizar, siendo además el responsable de solicitar y administrar las ayudas para la conservación de este monumento.

Se realizan visitas guiadas a la iglesia a cargo de una empresa especializada, y también se llevan a cabo conciertos de música clásica a la luz de las velas.

Entre los aspectos más innovadores de la intervención destacan los exhaustivos estudios previos y durante la obra, estableciendo una metodología de trabajo óptima. Cabe subrayar los estudios para la instalación de un andamio de 31 metros de luz y 75 toneladas de peso sobre un tambor agrietado; los estudios geofísicos (no destructivos) para localizar las cadenas de hierro dentro de la cúpula; el ensayo de Flat-Jack para comprobar la tensión de trabajo de la cúpula; los muestreos que han permitido descubrir la decoración interior y la coloración exterior; y los estudios mediante modelado, particularmente el estudio solar, que evidenció la iluminación del altar mayor en la fiesta del patrón de la iglesia (San Joaquín). La arquitectura se ha redibujado con la ayuda de perfiladores arqueológicos; se ha estudiado la patología de las tejas con el Dr. Jaume Coll (Director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí); se han llevado a cabo pruebas y análisis de morteros, revestimientos, pinturas, etc.; se ha estudiado el comportamiento de la cúpula empleando un modelo real; se han instalado sensores para la medición de humedad y temperatura interior y exterior, CO₂ y distanciómetros láser; y se ha efectuado un levantamiento láser 3D para controlar inclinaciones y gestionar su conservación futura con HBIM.

Asimismo, se ha recurrido a la artesanía tradicional para la elaboración de las tejas, la ejecución de técnicas tradicionales de albañilería y la recuperación de la linterna de la cúpula en su estado original.

Se han realizado visitas guiadas y talleres técnicos para la visita de las obras, en los que han participado colegios profesionales de Arquitectura y Arquitectura Técnica, así como estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Valencia. Recientemente, se han organizado simposios; el primero fue celebrado por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia antes de la ejecución de la obra, para debatir cuestiones técnicas, con la participación de destacados investigadores nacionales como Rafael Soler, Adolfo Alonso y José Luis González Moreno, además de contar con la presencia de responsables de patrimonio de la administración y personalidades destacadas en restauración arquitectónica, como Julián Esteban Chapapría, José Ignacio Casar Pinazo, Elisa Moliner o Luis Almena. Otro simposio fue organizado por Luis Cortés y Manuel Fortea en el marco del Máster de Conservación del Patrimonio Arquitectónico (UPV), centrado en las bóvedas valencianas y tratando el proyecto y los trabajos de restauración de la cúpula.

Asimismo, se han publicado artículos de investigación en revistas de prestigio, y los medios de comunicación han dado cobertura con noticias tanto en prensa escrita como en formatos audiovisuales de manera reiterada.

En estos momentos se está produciendo un documental de una hora de duración sobre la obra y el monumento, cuyo tráiler se ha subido recientemente a YouTube

Hace un par de años también se publicó en YouTube un cortometraje sobre el monumento.

Se ha llevado a cabo un escaneado completo con escáner 3D y se han tomado imágenes con drones. Ya se ha iniciado la implementación del mantenimiento del monumento mediante BIM aplicado al patrimonio (HBIM), en colaboración con el especialista Jorge García Valldecabres.

Luis Cortés Meseguer, arquitecto

 

 

REFERENCIAS

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Notas de pie de foto en el orden en que aparecen en el texto original:

Las Escuelas Pías y su impacto dentro de la ciudad de Valencia. 1832, Guesdon.

Levantamiento fotogramétrico del proyecto arquitectónico y dibujo en CAD, revisando y completando la documentación del Plan Director del Monumento.

Vistas interiores y aéreas de la Iglesia de las Escuelas Pías de Valencia.

Las grietas se extendían a lo largo de los 3 metros de espesor del muro y eran evidentes en los huecos del tambor agrietado (izquierda), manifestándose como fisuras internas en la cúpula (derecha).

Estado del interior que muestra los problemas ocasionados por la humedad (izquierda), y estado del exterior, donde se aprecia la grieta en la cúpula, provocando la separación de las aristas de la cubierta y la vegetación existente (derecha).

Maqueta creada por Manuel Fortea (izquierda) y revisión estructural a cargo de Adolfo Alonso (derecha).

Maqueta a escala 1:1 para analizar los morteros, la colocación de las tejas sobre el soporte, etc., y un estudio de las plomadas de la cúpula.

Levantamiento de lesiones (patología) en el exterior e interior de la cúpula según el proyecto de Luis Cortés, siguiendo la metodología de trabajo establecida.

Estado de la cúpula antes de la intervención.

Andamiaje estudiado y desarrollado en el proyecto, e imagen del proceso de montaje.

Refuerzo de las nervaduras con malla de fibra de basalto y mortero de cal (izquierda) y sustitución de tejas (derecha).

Fabricación y vidriado artesanal de las tejas, seguido del proceso de secado y cocción de cada pieza.

Estado antes (izquierda) y después (derecha) de la restauración.

Linterna con los vanos cegados y el color apagado (izquierda) y tras su restauración (derecha).

Antes (izquierda) y después (derecha) de la restauración, dejando un espacio sin intervenir desde la base de la cúpula pequeña para preservar la huella de la pintura original y primitiva.

Estudio geofísico con el profesor Paco García y muestreo de una de las ‘cadenas’ metálicas.

Levantamiento con perfilador arqueológico para redibujar su arquitectura.